Hoy, tras haber tenido que responder a dos familias por esta pregunta “me veo obligado a escribir” este post.

Tengo que reconocer que la primera vez que escuché la pregunta, hace unos años, no hice mucho caso. Pensé que era la observación puntual de una madre. Traté de explicarle: “Todo se debe a una simple coincidencia en el tiempo. Los bebés son muy mocosos y, a esa edad, leche es uno de los alimentos más presentes en su dieta, pero eso no significa que la leche produzca moco”.

En todo el tiempo estudiando la carrera de medicina y en todo el tiempo haciendo la especialidad de pediatría ninguno de “mis maestros” me había enseñado nada de eso. Yo tampoco recordaba haber estudiado en ninguna asignatura nada que relacionase la leche con la producción de mucosidad.

La curiosidad empezó a picarme cuando la pregunta se empezaba a repetir demasiado frecuentemente para ser la “observación puntual de una madre”.

Tuve que investigar sobre el tema. Lo cierto es que no encontré ningún artículo reciente ni antiguo que demostrara la asociación entre el consumo de leche y la producción de mocos. Lo que sí encontré en esa búsqueda es que esa creencia provenía de determinados grupos naturistas, anti-leche. Estos grupos se apoyaban en algunos estudios que demuestran que la leche, efectivamente, aumenta la mucosidad a nivel digestivo, pero en ningún caso a nivel respiratorio. Además, incluso, parece que esa mucosidad producida a nivel digestivo tendría un papel protector frente a determinados tipos de cánceres digestivos.

Hoy, tras haber tenido que responder a dos familias sobre “¿la leche produce mocos?”, he actualizado mi búsqueda y , tengo que decir, que a día de hoy seguimos sin ninguna evidencia científica que avale esa asociación.

Podemos hablar mucho sobre algunos problemas que puede producir la leche, sobre todo si se toma en exceso, como son el estreñimiento, la intolerancia a la lactosa, … pero a día de hoy no podemos decir que la leche produzca moco a nivel respiratorio.

Así que de momento lo que nos queda a los pediatras, y padres, con respecto a los mocos de nuestros hijos es “aceptarlos como animal de compañía” y hacer lavados nasales frecuentes, como ya comenté en otro post.

Si piensas que esta información puede ayudar a otros padres, compártela.

Pero, ¿qué ha pasado?, ¿en qué momento hemos mutado? Se aproxima el comienzo del curso escolar y comienzo a detectar en la consulta varios problemas que me hacen cuestionar en qué momento hemos perdido el sentido común. El nivel de ansiedad de los padres está ya por las nubes. Hoy día, la vuelta al cole es especialmente dura para los padres. Ya respiro en el ambiente la ansiedad anticipatoria por unas rutinas que ellos mismos se autoimponen como obligatorias. Hablo fundamentalmente de varios momentos del día como son llevar a los niños hasta la misma puerta de la escuela, casi siempre en coche, hacerle los deberes a los niños por la tarde y llevarles a jugar al parque. Pero, ¿qué ha pasado?, ¿en qué momento hemos mutado? Ahí están los superpadres y supermadres, levantándose a las 6 de la mañana para dejar a los niños en el aula matinal y a continuación completar una dura jornada laboral. A la vuelta del trabajo, recogerlo nuevamente en el coche y, a casa, a hacer los deberes con el niño. Lo peor de todo es que de tanto justificarnos hemos llegado a creernos que eso es lo normal. Todo, por supuesto, basado en miedos infundados: – ¿y si al niño le pilla un coche?, me dicen. Seamos serios, ¿cuántos niños son atropellados de camino al colegio? Créanme, precisamente con la aglomeración de coches que se produce a las horas de  entrada y salida en las puertas de los colegios, hoy día sí que podríamos considerar que caminar por los alrededores del colegio es un “deporte de riesgo”. – ¿y si lo secuestran?, intentan justificarse. Nuevamente, seamos serios, ¿cuántos niños son secuestrados de camino al colegio? Soy de un pequeño pueblo de Extremadura, donde he crecido feliz y contento. No soy de la época de los burros y los carros. Cuando yo iba a la escuela ya existían los coches. Podría contar con los dedos de la mano las veces que mis padres me acompañaron hasta la puerta del colegio, y mucho menos, en coche. El pueblo no ha cambiado tanto desde que yo era pequeño, salvo por la aglomeración de coches que se produce en la puerta del colegio a la hora de la entrada y la salida de los críos a la escuela. Plantear hoy en mi pueblo, y creo que en cualquier pueblo de España, que un niño vaya andando solo al cole podría ser considerado casi un maltrato. “¡Por Dios, ¿estás loco?, ¿cómo va a ir el niño solo a la escuela?”. No recuerdo que en mi pueblo, camino de la escuela, ningún niño fuese atropellado, ¡¡ni secuestrado!! El camino a la escuela era una situación más donde teníamos que aprender a organizarnos, siempre había un amigo que era más tardilón. Debíamos calcular y responsabilizarnos de si llegábamos tarde, había que espabilar porque si no tendríamos que justificarnos ante don Luís. Aún recuerdo incluso algunas conversaciones de camino al colegio. Era un momento del día importante donde contábamos chistes, repasábamos la lección o incluso compartíamos algunos secretos, en definitiva, hacíamos grupo. Por favor, aparte del flaco favor que desde el punto vista físico les hacemos a nuestros hijos llevándoles al cole en coche, no les privemos de esos momentos de autonomía. Necesitan saber que no viven en un mundo malicioso. Llevarles hasta la misma puerta del colegio, es “enseñarles” que el mundo que hay más allá de las vallas del colegio es un sitio lleno de peligros donde ellos no pueden moverse solos. Pero, ¿qué ha pasado?, ¿en qué momento hemos mutado? Y con respecto a hacerle los deberes a nuestros hijos podría escribir un libro. Si al inicio del curso escolar detecto ansiedad en los padres, no os quiero contar cuando se acerca la época de exámenes. Pareciera que son los propios padres quienes se van a examinar. No voy a decir nada que no sepáis, pero debemos recordar el proverbio chino “Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida”. Estudiar con ellos no significa hacerles los deberes. Ellos son los responsables de anotar qué deberes tienen que hacer para el día siguiente, qué temas entrarán en el examen, cómo van a distribuir su tiempo, … y deben aprender de sus errores, deben darse cuenta que no organizarse adecuadamente tiene sus consecuencias. Por favor, dejemos que sean ellos los que experimenten la sensación de fracaso cuando uno no hace bien las cosas, y por supuesto, no les robemos la maravillosa experiencia del ÉXITO cuando uno consigue las cosas por sí mismo. Padres hiperprotectores  pero, ¿qué ha pasado?, ¿en qué momento hemos mutado? Y lo que ya es el colmo de lo que considero una sociedad enferma: acompañamos a los niños para que jueguen en el parque. Por favor, dejemos que nuestros hijos jueguen solos, que aprendan lo difícil pero lo emocionante de las relaciones sociales. No les privemos la libertad de elegir cómo juegan y a qué juegan. No seamos hipercontroladores e hiperprotectores. Es necesario que la gallina se acueste encima de los huevos para que éstos eclosionen e incluso que se acueste encima de los pollitos  para darles calor cuando son pequeños, pero si continúa acostada encima de ellos cuando crecen, termina asfixiándolos. Pero, ¿qué ha pasado?, ¿en qué momento hemos mutado?

Este es un tema muy controvertido, y no pretendo ser “pastor espiritual” de ninguna familia.

Este post es una opinión personal, justificada simplemente por mi experiencia y algunos datos médico-científicos. Es lo que le cuento a las familias que asisten a mi consulta cuando me preguntan sobre este tema.

Vaya por delante que la mayoría de las guarderías, al menos las que yo conozco, y eso supongo que es extensible al resto de las guarderías de España y del mundo, son sitios estupendos. Cuentan con profesionales con mucho amor y dedicación a su trabajo y capacitados laboralmente para el cuidado de los niños.

Dicho esto, a la pregunta estrella de estos días en las consulta: “doctor, ¿que le parece a usted que metamos a Laurita en la guarde? Es que como ya tiene un añito, y es tan inquieta, pensamos que se aburre en casa y está deseando jugar con otros niños”.

Por supuesto, el modelo social que estamos construyendo, es especialmente duro e injusto con las mujeres. La mayoría, no sólo NO pueden disfrutar de su maternidad como les gustaría (por ejemplo para prolongar la lactancia materna), sino que se sienten amenazadas en sus trabajos si agotan su derecho de baja maternal, y no digamos, si intentan prolongarlo. En un mercado laboral tan competitivo, una madre que no tenga su plaza laboral definitiva, se ve durante las bajas maternales en la “cuerda floja” desde el punto de vista laboral. Esto está haciendo retrasar la edad de la  maternidad y,  ni que decir tiene, que plantearse una segunda o una tercera maternidad muchas veces se convierte en ciencia ficción. No quiero desviarme, ya hablé del precio de la maternidad (lo puedes leer pinchando aquí). Pero sí es importante, al menos, tenerlos en cuenta puesto que influyen mucho en el tema de hoy: llevar o no al niño a la guarde.

Y sí, así sí lo entiendo. De hecho, para eso surgieron las guarderías, para cuidar de los niños cuando familiarmente no es posible. Surgieron básicamente a raíz de la incorporación de la mujer al mundo laboral. Pero no nos engañemos, un niño de un año (ni que decir tiene cuando entran con 4-5 meses) en la guarde no juega con sus iguales, va “a su aire”, juega y se entretiene solo. La socialización de los niños aparece a partir de los 2-3 años, por lo tanto “no están deseando jugar con otros niños”. Que yo sepa no hay ningún estudio científico que haya demostrado que los niños que asistieron precozmente a la guardería tiene mayores capacidades sociales que los que no lo hicieron. Hasta esa edad es muy importante el vínculo familiar que el niño está estableciendo, necesita la protección de los padres. Los niños necesitan sus rutinas, y quienes mejores cuidadores que sus padres.

Repito, nuevamente: las guarderías son sitios estupendos donde podemos dejar con tranquilidad a los niños cuando no disponemos de tiempo para cuidarlos. Pero también debemos saber que eso tiene sus consecuencias, es decir, si juntamos en una misma clase de la guarde 10-12 niños, de los cuales siempre hay alguno que está malito (agobiados otra vez por el maldito trabajo, si el niño amanece con fiebre, le damos una dosis de paracetamol, cruzamos los dedos y, si hay suerte no nos llamarán al trabajo) el resultado es que los niños que asisten a guardería se ponen aproximadamente el doble de veces malo (otitis, bronquitis, gastroenteritis, conjuntivitis, …itis, …itis, …itis) que los que no lo hacen.«¡¡Pero si no sé para qué pago la guarde, si al final no va, siempre está malito!!”, me dicen muchas madres agobiadas.

Otro mito: “Bueno, al menos así, cuando vaya al cole de los mayores no se pondrá malito”, intentan consolarse. Que yo sepa, la mayoría de los procesos que padecen los niños no dejan inmunidad permanente, es decir, el haber pasado una otitis no significa que ya quede el niño protegido para siempre para las otitis. Por tanto, es preferible que si el niño va a pasar una otitis lo haga con 5 años, no con 5 meses.

Por tanto, y en resumen, mi opinión de las guarderías es: Si es necesario que el niño vaya a la guarde porque la logística familiar así lo obliga, pues ánimo, sin sentimiento de culpabilidad (ya hable de esto también en este post). Pero si tenéis la opción de cuidar al niño en casa NO dudarlo, disfrutar de ellos, son años que pasan y no vuelven.

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Si hay un tema en el cuidado de los niños capaz de desquiciar a los padres y donde la teoría está muy lejos de la realidad ese es “LAS RABIETAS”.

“No hacer ni caso al niño en ese momento…”, “lo importante es que el niño no se salga con la suya…” son los consejos más frecuentes que recibimos de amigos, pero todos los padres saben que eso es muy fácil de decir, pero no es fácil de hacer.

Debemos saber que las rabietas son una fase normal del desarrollo de la personalidad de los niños, especialmente frecuentes en tormo a los 3 años. Esta en una etapa típica de impulsividad y desobediencia. Empiezan a sentirse independientes y somos los adultos quienes debemos poner las normas y los límites.

Existen varios factores que influyen en la aparición de las rabietas como son la impulsividad, el todavía escaso desarrollo del lenguaje a esas edad (no tienen capacidad de convencernos y buscan otras formas más primitivas de negociación, …).

A mi modo de ver no todas las rabietas son iguales y creo que lo más importante es intentar detectar qué es lo que hay detrás de cada rabieta, ya que la mayoría son llamadas de atención.

“Mamá o me compras la muñeca de Elsa o pinto con el rotulador en la pared”, nos dice con rotulador en mano y mirada desafiante. En este caso están intentando negociar y ellos mismo nos proponen el modelo: cada acción tiene una consecuencia. Lo que debemos hacer es MANTENER LA CALMA, no entrar al trapo (precisamente esto es lo que está buscando). Si nosotros les hablamos tono muy tranquilo, les dejaremos fuera de juego. Les llamará mucho la atención que no nos alteremos. Como si nada pasase, le explicamos que pintando la pared no sólo no va conseguir la muñeca de Elsa sino que además los papás se pondrán muy tristes y no la llevará a jugar al parque. Es importante ofrecerle una alternativa, es decir, le podremos decir “mamá sabe que te gusta mucho la muñeca de Elsa y está dispuesta a comprártela, pero no se pueden comprar juguetes todos los días, así que, si continúas portándote bien, en tu cumpleaños, que es pronto, te la regalaré”. Los adultos debemos ser ejemplo para ellos, debemos mostrarles que no se negocia gritando ni amenazando. Así no se consiguen las cosas.

“¿¡¡¡¡Por qué me has guardado mis playmobil!!!?”, grita como un poseso mientras tira los otros juguetes que tiene en la mano. En este caso no ha avisado, no está negociando, directamente “la monta”. Está como poseído. En este caso no bebemos intentar negociar, en este momento él está fuera de sí y no entenderá nada. No tenemos que ofrecerle alternativas, sólo debemos explicarle, MANTENIENDO LA CALMA (contaremos hasta 10 o hasta 100 si hace falta), por qué lo hicimos. “Pensé que habías terminado de jugar con ellos. Deberías agradecer que mamá lo recogió para que no se perdieran”. Si sigue desquiciado lo mejor es retirarnos durante 5-10 minutos. O llevarlo a su cuarto tranquilamente, sin arrastrarlo, durante 5-10 minutos. No conviene empecinarnos en razonar mientras siga histérico. En esos momentos cuanto menos hablemos mejor, simplemente conviene que mantengamos la calma, para que entienda que mientras mantenga esa actitud no conseguirá nada. Serán ellos, finalmente, quienes vengan a buscarnos. En ese momento, con tranquilidad, le volveremos a explicar por qué lo recogimos y que con esa actitud no conseguirá nada.

¿No es más rápido y más eficaz un buen cachete?

Rápido puede que sí, pero desde luego eficaz NO.
Pegando a nuestro hijo habremos perdido toda credibilidad. Hemos dicho que los adultos debemos ser ejemplo de nuestros hijos y desde luego la violencia no puede ser ejemplo de nada.
De ese modo arreglamos el problema del momento pero estamos generando uno mayor.

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“Papá, Marcos dice que quiere venir con nosotros a la casa del pueblo, para conocer al abuelo”. La primera vez que los padres escuchan a su hijo decir esto comienzan a mirar para todos lados a ver si ven a Marcos, y casi que preferirían verlo, porque se les queda una cara de susto… y piensan: “¿este niño ve visiones?, ¿estará perdiendo la cabeza?,…”

Muchos padres viven con gran angustia cuando ven que su hijo comienza a relacionarse con un amigo imaginario y piden ayuda en el pediatra o en psicólogo, pensando que su hijo tiene alguna alteración psicológica.

Fantasear es una actividad que mantenemos de por vida. Los adultos también, por momentos, vivimos en un mundo imaginario en muchas situaciones, por ejemplo cuando compramos un cupón (“si me toca haré un viaje a las Maldivas”, y nos imaginamos allí mismo, disfrutando del paraíso…)

Aclararé ciertas dudas:

¿Todos los niños tienen amigos imaginarios?

No todos los niños tienen  amigos imaginarios, pero sí es muy frecuente, aproximadamente el 50-60% de los niños tendrán, a lo largo de su infancia, algún amigo imaginario.

¿A qué edad suele comenzar?

La edad más frecuente a la que suelen aparecer es entre los 3-6 años. A partir de los 2 años los niños comienzan a desarrollar el juego simbólico (juegan a las cocinitas con comida imaginaria, hablan por teléfono con un juguete, …).

Por extensión de esta fase del juego simbólico, en su imaginación, pueden llegar a crear un amigo imaginario, o dotar de “vida” alguno de sus peluches.

¿Significa que el niño tiene un problema psicológico o de relación?



Hace años se pensaba que tener amigos imaginarios era más frecuente en los hijos únicos, en niños que pasaban mucho tiempo solos o en niños que se movían en un ambiente fundamentalmente con adultos, pero los estudios actuales no han podido demostrar ninguna de estas relaciones.
En contra de esto, lo que sí se piensa, es que los niños que tienen un amigo imaginario es porque tienen muy desarrollada el área de la imaginación e incluso en el futuro pueden llegar a ser grandes artistas.

¿Qué debo hacer como padre?

En primer lugar, si el niño está en la edad típica, comprender que es una fase normal y no preocuparse.
Es más, los amigos imaginarios, pueden tener una parte positiva ya que en realidad son el reflejo del propio niño. Por tanto, debemos aprovechar para:

    – Conocer sus miedos: “mamá, a Marcos le da miedo dormir con la luz apagada”, suele significar que a él le da miedo dormir con la luz apagada.
    – Conocer sus deseos: “mamá, Marcos dice que quiere ir a la playa”, suele significar que a él quiere ir a playa.
    – Educar, aprovechando de manera indirecta la figura del amigo imaginario: podemos decir “dile a Marcos que a mamá no le gusta que los niños digan palabrotas”.
    – Corregir algunos “hábitos de higiene”: podemos decir “vamos a explicarle a Marcos cómo se lavan los dientes”.

¿Confundirá el niño el mundo real con la fantasía?

No, pero no debemos estimular en exceso, no debemos dar demasiado protagonismo ni importancia al amigo imaginario. Siempre debemos estimular que el niño juegue con otros niños reales.

Pero también es importante no reprimirlo continuamente, porque eso es como negar sus sentimientos.

¿Cuándo debo preocuparme?

Sólo debe preocuparse si a raíz de la aparición del amigo imaginario el niño rechaza relacionarse con otros amigos reales o el comportamiento del niño sufre una desviación por ejemplo hacia un comportamiento muy agresivo.

No hay que obligar al niño a no jugar con su amigo imaginaria, tal como vino se irá.

Normalmente en torno a los 7-8 años, conforme va desarrollando el lenguaje y sobre todo la lógica y la inteligencia, su amigo imaginario desaparecerá de su mente.

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Hoy saco a la palestra un tema, que todavía actualmente, se sigue considerando tabú. Muchos padres se avergüenzan, aún, porque su hijo de 3 años se masturba.
Algunas madres me comentan, con cara de resignación, como quien está confesando un pecado: “Doctor estoy muy preocupada porque mi niña de 3 años, cada vez que duerme la siesta, se frota con su osito, comienza a sudar, se pone muy rígida y, a veces, creo que ha llegado a perder la conciencia”.

Aclararé ciertas dudas:

¿En qué consiste la masturbación infantil?

La masturbación es la autoestimulación de los genitales por placer.
Es normal que los niños, en el contexto de la exploración y descubrimiento de su cuerpo, descubran que frotar o tocar determinadas partes de su cuerpo provoca una sensación placentera.

¿A qué edad comienzan a masturbarse los niños?

La mayoría de los niños alrededor de los 6 meses comienzan a tener cierto control de sus manos, pudendo incluso agarrar algunos objetos, y por tanto comienza esa fase de reconocimiento de su cuerpo.
Por tanto, es raro que la masturbación infantil ocurra antes de los 6 meses. Y se hace especialmente frecuente a partir de los 2 años.

¿Cuándo dejará de masturbarse?

Los niños que descubren la sensación placentera de tocarse los genitales es frecuente  que mantengan ese comportamiento durante meses o años.
A partir de los 6 años seguramente disminuirá la frecuencia.
Posteriormente, en la adolescencia, y en este caso ya sí influido por la “tormenta hormonal”,  la masturbación es casi universal.

¿Cómo se masturban los niños?

Los más pequeños frotan sus muslos uno contra otro, con movimientos rítmicos de las caderas cuando está boca arriba o moviéndose sobre las manos o las rodillas cuando están boca abajo.
Un poco más tarde pueden aprender a frotarse contra algún muñeco, el brazo de un sillón,…

La manipulación rítmica de los genitales con la mano no se suele producir antes de los 2 años y medio.

¿Cómo detecto si mi niño pequeño se masturba?

El niño puede parecer ensimismado, acalorado y sudoroso, con movimientos rítmicos de la cabeza o extremidades y al concluir puede quedar agotado.
En ocasiones puede llegar a confundirse con una crisis epiléptica.

¿Por qué se masturban?

Quizás esta es la duda debe quedar más clara para quitarle hierro al tema, ya que la masturbación infantil no tiene las connotaciones sexuales que puede tener en los adultos. Simplemente, en el descubrimiento de su cuerpo, detectan que tocar o frotar determinadas partes de su cuerpo proporciona placer puramente físico.
Hay que insistir en que la masturbación infantil es una conducta totalmente NORMAL.

¿Cuándo se masturban?

Lo pueden hacer en cualquier momento pero es más frecuente cuando el niño se va a dormir, está aburrido o viendo la televisión o si está sometido a algún tipo de estrés.

Si se masturba frecuentemente, ¿tendrá alguna consecuencia?

La masturbación infantil no provoca ningún daño físico ni psicológico. La masturbación no modificará su orientación sexual ni va a hacer que sea más promiscuo.

Como padre, ¿qué puedo hacer?

En realidad no debe hacer NADA especial, simplemente saber que es puro placer físico y, por lo tanto, es NORMAL que el niño lo busque. Castigarlo puede  provocar un efecto negativo, porque puede reforzar esa conducta.

Si el niño tiene el hábito de hacerlo en público, habrá que corregirlo moderadamente, de la misma manera que se le regala cuando se hurga en la nariz o se come los mocos. Tendrá que explicarle que “eso no se puede hacer en público, sólo en casa, en la cama o en el baño”.

Si suele hacerlo en el cole, habrá que comentárselo a los profesores, para que procuren mantener su atención en la clase y eviten regañarlo en público.

¿Debo acudir al pediatra?

Solo si la masturbación fuera compulsiva, es decir, frecuente y obsesiva. En muy pocas ocasiones, la masturbación estará relacionada con situaciones de estrés del niño o, incluso, abusos sexuales por parte de adultos.

En esos casos, por supuesto, habrá que comentárselo al pediatra.

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El simple viaje al cole de cada mañana se convierte en un martirio diario para algunos niños (porque les cuesta un “mareo”) y para los padres (porque les cuesta el dinero o el tiempo de limpiar la tapicería del coche), hasta el punto de que algunos niños van ya con “su cubito” en el coche para los vómitos.

No puedo desaprovechar este post para recordar, que si ya es discutible que haya que acompañar a los niños al colegio (esto ya lo comenté en otro post), lo que no merece la pena ni discutir es que DEBEMOS FOMENTAR QUE LOS NIÑOS VAYAN AL COLEGIO ANDANDO. Son infinitos los beneficios de este hábito, y además, evitaremos el tema del post de hoy: la cinetosis.

¿Qué es la cinetosis?, ¿cuales son los síntomas?

Es un problema muy frecuente en la infancia que consiste en una sensación de malestar, con sudoración fría, palidez y náuseas, que suelen llegar a los vómitos.

¿Cuál es la causa?

Cuando viajamos, nuestro cerebro tiene que integrar la información que le llega a través de los órganos del equilibrio: el oído, la vista y el sistema musculo-esquelético.
Cuando esta información NO es integrada correctamente se produce la cinetosis.

¿A qué edad se produce?

Es raro que se produzca antes de los 2 años. A partir de esa edad empieza a aparecer y aumenta hasta los 12 años, que empieza a disminuir.
(Madre con un niño de 2 años y medio al llegar a la consulta: “doctor, ahora que el niño viene muy contento, y que ya no vomita en la consulta con el sofocón, cada vez que venimos vomita en el coche”).
En los adultos es muy raro, aunque hay quien lo presenta de por vida, sobre todo las mujeres.

¿Qué podemos hacer?

En primer lugar, vuelvo a repetir, evitar viajes innecesarios: ¡¡al cole, ANDANDO!!

Si realmente tenemos que viajar,  los conductores debemos evitar maniobras bruscas (especialmente en zonas de curvas), llevar el coche bien ventilado (abrir ventanillas y, por supuesto, NO FUMAR).
Si el viaje es corto: intentar que no coma antes de viajar
Si el viaje es largo: aprovechar para viajar a las horas en las que el niño duerme (puesto que si va dormido no se mareará) y hacer paradas frecuentes para descansar.
Si los niños fijan la mirada en un punto lejano es más difícil que se mareen, así que debemos evitar actividades que obliguen a fijar la vista en un objeto cercano como leer, ver el DVD, jugar a los videojuegos,…
Y en cualquier caso, siempre debemos tener prevista la eventualidad del vómito (llevar bolsas u otros recipientes para evitar ponerlo todo perdido).

Pero, ¿no existe tratamiento?

En ocasiones los pediatras, si el cuadro es muy recurrente o muy intenso, podemos utilizar alguna medicación. La más habitual es el dimenhidrinato del cual existen muchas presentaciones (jarabes, comprimidos, supositorios,…). Por ficha técnica, este medicamente, NO se puede usar en menores de 2 años, pero ya hemos dicho que en los menores de 2 años es muy infrecuente la cinetosis. Como todos los medicamentos no debe tomarse libremente, sino que debe ser prescrito tras una valoración por su pediatra.
Actualmente existen también algunas soluciones azucaradas para utilizar en niños menores con tendencia a la cinetosis.

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¿Cómo quitar los pañales con éxito?

Realmente este tema no es que dé para escribir un post sino que daría para escribir un libro entero.

Siempre me ha llamado mucho la atención cuando las madres entran por la consulta y me dicen: “bueno, a partir de mañana, les van a quitar los pañales a todos los niños de la guarde”. Yo, no es que esté en desacuerdo, pero pienso “por esa misma regla de tres, podríamos decir a partir de mañana, todos los niños de la guarde, deben saber hablar”.

Con esto quiero decir que NO TODOS LOS NIÑOS TIENEN POR QUÉ CONTROLAR LOS ESFÍNTERES CON LA MISMA EDAD (de la misma manera que no podemos pretender que todos los niños gateen con la misma edad, les salgan los dientes con la misma edad, o hablen con la misma edad,…)

Cierto es que “la logística familiar” nos obliga, a veces, a intentar a hacer las cosas en una determinada fecha, aun a sabiendas de que ésta no sea la mejor. En el caso del proceso del control de esfínteres, los factores que más influyen para que nos entren las prisas son:
a la escuela (3 años) no se puede ir con pañal. Entiendo también que si no se dispone de un apoyo auxiliar, una maestra de infantil, no puede estar pendiente del pañal de 30 niños.
es más fácil cambiar una braguita o un calzoncillo y un pantalón corto que las “capas de cebolla” del invierno (leotardo, pantalón largo, calcetín, botas…).

Estos dos motivos hacen que el momento elegido para retirar el pañal por la mayoría de los padres, cuidadores o guarderías sea la primavera-verano anterior a la escolarización del niño. Nuevamente, debo señalar que además de que el desarrollo psicomotor es muy variable de unos niños a otros, en esa fecha, la edad de los niños de esa clase de la guardería es muy dispar, ya que hay desde niños que ya tienen los 3 años cumplidos hasta niños que no soplarán las 3 velitas hasta finales de ese mismo año, cuando lleven ya prácticamente un trimestre en el cole de los mayores.

Más que la edad cronológica de nuestro hijo debemos valorar determinadas facetas del desarrollo psicomotor para prever si el niño está capacitado para el control de esfínteres.

Por un lado debemos comprobar que el niño entiende el lenguaje básico para esto: “pipí”, “caca”, “váter”,… y que tiene una destreza motora adecuada (sabe subir y bajarse los pantalones aunque necesite algo de ayuda, es capaz de subirse al váter,…).

Para iniciar el proceso de la retirada del pañal con cierta garantía de éxito, debemos armarnos de PACIENCIA y estar dispuestos a cambiar varias mudas al día e ir recogiendo pipís y cacas por la casa, aguantando estoicamente, sin culpabilizar de “sus escapes” al niño y, eso sí, felicitándole y celebrando sus éxitos: “¡¡muy bien campeón, así se hace el pipí, en el váter, como los niños grandes!!”. Eso es celebrarlo, no hace falta regalarle un juguete cada vez que lo hace bien.

Una vez cargados de paciencia, debemos elegir o ayudar a elegir al niño cuál será “su trono”: si el mismo que el de papá y mamá o un orinal comprado para la ocasión. No hace falta que el orinal tenga música y luces pero sí debe tener una base de sustentación amplia para que no se tambalee y el niño se sienta cómodo, o al menos seguro, cuando se siente. En el caso de que vaya a compartir “el trono” del resto de la familia debemos colocar un adaptador-reductor para disminuir el diámetro de la taza, para que el niño no tenga la sensación de que “se puede caer por el agujero”. También es conveniente, si es posible, que mientras está sentado en el váter sus pies no queden colgando sino apoyados en un taburete, ya que esto también aumenta su sensación de seguridad.

Si ya estamos cargados de paciencia y tenemos “el trono” elegido, sólo nos queda saber cómo lo haremos.
Existen muchas técnicas y todas son pueden ser válidas.

1- Con respecto al pipí:
Lo pondremos inicialmente de forma frecuente, por ejemplo, cada hora o cada vez que lo pida o que por sus gestos intuyamos que puede tener ganas de hacerlo. Progresivamente, en los siguientes días, iremos alargando el intervalo con el que ponemos al niño en el orinal. Recuerdo, debemos celebrar los éxitos y no castigar los fracasos.
La mayoría de los niños en pocos días habrán controlado el pipí y, si no es así, es que quizás nos precipitamos y aún no era su momento óptimo.

2- Con respecto a la caca:
En este caso si que debemos ser más cautos y estar más atentos ya que “la caca la sienten como más propia (tener en cuenta que llevan casi 3 años pegados a ella) y les cuesta más trabajo desprenderse de ella”. Un mal manejo nos puede llevar a una situación de estreñimiento de difícil control ya que si el niño le coge miedo al váter se aguantará la caca y cuanto más se la aguante más grande, más seca y más dura será cuando salga y, por tanto, más molestará al salir, y más se aguantará nuevamente, llevando esto a un círculo vicioso. Así que, una premisa básica es, NO RETIRAR EL PAÑAL MIENTRAS EL NIÑO ESTÉ ESTREÑIDO, ya que podría empeorar el estreñimiento. Conviene, que hasta que el esfínter anal lo tenga controlado, el niño haga una dieta que no favorezca el estreñimiento, es decir, no debe abusar de los lácteos, esto es, no tomar más de medio litro (entre leche y derivados) al día. Considerando todo esto, la técnica para el control del esfínter anal, es similar a la del pipí. Consiste básicamente en sentarlo en el váter a la hora que solía hacerlo (esto para los niños que “son un reloj”). Para los niños que no tienen un horario para la defecación establecido aprovecharemos el reflejo gastrocólico, es decir, lo sentaremos un ratito después de las principales comidas o en cualquier momento que, por sus movimientos, intuyamos que tiene ganas de hacerlo.

Recuerdo, nuevamente, debemos mantener la filosofía de celebrar los éxitos y no castigar los fracasos.

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Durante muchos años el miedo a comer jamón durante el embarazo, por el riesgo de transmitir una infección por toxoplasma al bebé, ha martirizado a muchas futuras mamás.

Intentaré aclarar esto:

La toxoplasmosis es una infección casi siempre sin importancia, tanto en niños como en adultos. Suele pasar desapercibida y, en la mayoría de las ocasiones, se confunde con una virasis por los síntomas que provoca (fiebre, malestar general,…). El problema ocurre cuando quien padece esta infección es una embarazada y se lo transmite a su feto, el cual sí puede tener graves secuelas (ceguera, convulsiones,…).

Actualmente, para controlar esto, en la mayoría de los centros, los ginecólogos, en el control analítico del primer trimestre del embarazo, solicitarán una prueba para conocer la situación inmunológica de la futura madre con respecto al toxoplasma. Con el resultado de esta analítica existen dos situaciones claramente distintas:
1.- Las embarazadas que están inmunizadas frente al toxoplasma: en este caso no hay ningún riesgo para el feto.
2.- Las embarazadas que NO están inmunizadas: en este caso sí existe riesgo y por tanto el ginecólogo recomendará lavar bien las frutas, verduras y hortalizas, lavarse bien las manos después de manipular carne cruda, evitar el contacto con gatos y sus excrementos, … y hasta no hace mucho tiempo (incluso muchos ginecólogos lo siguen recomendando) evitar comer jamón.

El mito surge por ser esta una enfermedad mucho más frecuente en la antigüedad, cuando se comía carne cruda (chacinas, jamón, …) de elaboración casera, la cual casi nunca pasaba los controles de calidad necesarios.
Afortunadamente para las embarazadas, el mito ha ido perdiendo fuerza medida que han ido apareciendo estudios elaborados por el Centro Tecnológico Andaluz del Sector Cárnico en colaboración con la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) que han concluido que este parásito se extingue por el proceso de curación al que se somete esta carne, la cantidad de sal utilizada y también por las características de la grasa del jamón. En 2011, la Universidad de Zaragoza, realizó un estudio sobre una amplia muestra de jamones, y demostraba que a los 14 meses de curación no se encontraba ninguna traza viable que pudiera suponer un riesgo de contraer toxoplasmosis para la madre. El problema actual, quizás,  está en que no todas las marcas de jamones ponen en el etiquetado el tiempo de curación y, por tanto, las madres deben seguir recurriendo a la estrategia segura de congelar el jamón a -20 ºC durante 2 días o -10ºC y posteriormente descongelarlo lentamente.

Comparte esta información con otras madres (o futuras madres) si piensas que puede ser útil para ellas.

La actancia materna es algo instintivo para una madre. En los años 70, determinados condicionamientos sociales, junto con el boom de las leches de fórmula, hicieron que la enseñanza de la técnica de lactancia de madres a hijas se fuera perdiendo y surgieran muchos falsos mitos sobre la lactancia materna.

Aclararé diez falsos mitos muy frecuentes sobre la lactancia materna:

1- “No me sube la leche porque me han hecho cesárea”.

El reflejo de la lactancia se produce desde el momento en que la placenta sale del útero (alumbramiento), independientemente del tipo de parto. El falso mito surge fundamentalmente por dos motivos. Por un lado, antiguamente, las cesáreas se hacían con anestesia general y, por tanto, las madres y el bebé (al cual le pasaba parte de la anestesia) estaban muy adormilados en las primeras horas. Por este motivo, el bebé nacido por cesárea, se enganchaba menos al pecho y, por tanto, tardaba más tiempo en subir la leche materna. Por otro lado, en la mayoría de los hospitales, tras las cesáreas, se continúa separando en el postoperatorio inmediato a las madres de sus bebés y esto dificulta el enganche inicial del bebé al pecho.

Recuerda: ¡¡ TENDRÉ LA SUBIDA DE LA LECHE INDEPENDIENTEMENTE DEL TIPO DE PARTO!!

2- “No tengo leche suficiente, mi bebé necesita una ayuda”.

El falso mito surge porque, muchas veces, tras intentar en los primeros días de vida del bebé hacer lactancia materna exclusiva, se constata en el primer control de peso que el bebé ha perdido peso. Hay que saber, para desterrar este mito, que durante la primera semana de vida, es normal que el niño pierda hasta un 10-12% de su peso al nacimiento. Esto es lo que llamamos “pérdida fisiológica” y no se debe a la lactancia, sino a que el bebé va deshaciéndose de los líquidos de su etapa gestacional. En la siguiente semana, el bebé habrá recuperado esa pérdida de peso. Además, si comenzamos a darle las mal llamadas “ayudas” el bebé se sentirá más saciado y reclamará menos tomas y, por tanto, se pondrá menos veces al pecho y, consecuentemente, se dejará de producir leche.

Recuerda: ¡¡ SI PERMITO A MI BEBÉ MAMAR A DEMANDA, MI PECHO LE PROPORCIONARÁ TODO EL ALIMENTO QUE NECESITA!!

3- “No tengo leche suficiente porque mis pechos son pequeños”.

El tamaño del pecho de una mujer depende fundamentalmente del tejido graso de la mama. La grasa no es la que produce la leche sino el tejido glandular estimulado por las hormonas, que se liberan fundamentalmente a base de ponerse frecuentemente el bebé al pecho.

Recuerda: ¡¡ TENDRÉ MÁS LECHE CUANTAS MÁS VECES ME PONGA MI BEBÉ AL PECHO, INDEPENDIENTEMENTE DEL TAMAÑO DE MI PECHO!!

4- “Mi leche es aguada y no le alimenta”.

No existe leche materna de mala calidad. Todas las leches maternas son de excelente calidad. De hecho, la leche de cada madre, es la mejor en cada momento para su bebé. Se adapta a cada circunstancia. Incluso la leche de las madres desnutridas de tercer mundo es de excelente calidad para sus bebés, a costa incluso de sus reservas. Es cierto,  que en la fase inicial de la tetada la leche es más acuosa, pero eso es una ventaja más de la leche materna, que es una “leche viva” y se adapta incluso al momento de la toma.

Recuerda: ¡¡ MI LECHE ES LA MEJOR PARA MI BEBÉ!!

5- “Mi bebé necesita una ayuda porque no está 10 minutos en el pecho”.

La alimentación al pecho debe ser siempre “a demanda”, es decir, el bebé decide cuándo y cuánto quiere comer. Habitualmente las primeras tetadas son muy prolongadas (y eso es bueno para establecer el reflejo de la lactancia). Posteriormente, en las siguientes semanas, el tiempo de la toma disminuye hasta durar  aproximadamente 10 minutos y continúa disminuyendo hasta durar 3-4 minutos. Es en este momento cuando las madres piensan que no tienen leche suficiente porque vacían el pecho demasiado rápido.

Recuerda: ¡¡ LA LACTANCIA ES A DEMANDA, MI BEBÉ ES QUIEN DECIDE CUANTO Y CUANDO QUIERE COMER!!

6- “Ya no tengo leche suficiente para mi bebé de 3 meses porque ya no pone peso como antes”.

El patrón de crecimiento de los niños alimentados al pecho es diferente al de los niños alimentados con leche de fórmula. No existen curvas de percentiles elaboradas para niños alimentados con lactancia materna exclusiva. Los pediatras sabemos que en los niños alimentados a pecho se produce un aumento rápido de peso hasta los tres meses, pero después el ritmo baja aproximadamente a la mitad (empiezan a poner cada dos semanas lo que hasta ahora ponían en una). Esto, por tanto, no debe preocupar puesto que supone una protección contra la obesidad futura.

Recuerda: ¡¡CUANDO A PARTIR DE LOS 2-3 MESES EL RITMO DE CRECIMIENTO DE MI BEBÉ BAJA, NO SIGNIFICA QUE HAYA QUE SUPLEMENTAR CON BIBERONES LA LACTANCIA!!

7- “Ya no tengo leche suficiente porque se me han quedado los pechos flojos”.

Aproximadamente entre el segundo y el cuarto día tras el parto se produce lo que comúnmente se llama la “subida de la leche”. En este momento, las madres se notan un aumento rápido del volumen del pecho, con calor e incluso con sensación de hormigueo. Posteriormente, precisamente porque la naturaleza es sabia, la producción de leche se adapta a la demanda y esa sensación del pecho congestionado y duro se va haciendo menor. Aproximadamente a los tres meses, el pecho estará mucho más flojo porque el grado de adaptación es tal que la subida de la leche se produce mientras el niño está mamando. De hecho, mientras mama de uno se puede tener la sensación de subida en el otro.

Recuerda: ¡¡ LA TENSIÓN DE MI PECHO NO ES INDICATIVA DEL VOLUMEN DE LECHE QUE PRODUZCO!!

8- “Yo no produzco leche porque no tomo leche”.

La única manera de aumentar la producción de leche es que el bebé mame de forma correcta y frecuente. Que yo sepa, las vacas lecheras, se alimentan de hierba y producen gran cantidad de leche. Si algo hacen los granjeros para aumentar la producción de leche es ponerles música clásica ya que, efectivamente, la tranquilidad aumenta la producción. Por tanto, el estrés y la desconfianza, hacen que se disminuya la producción de leche.

Recuerda: ¡¡ SI QUIERO AUMENTAR MI PRODUCCIÓN DE LECHE ESTARÉ TRANQUILA Y CONFÍARÉ EN MI, Y ADEMÁS ME PONDRÉ EL BEBÉ FRECUENTEMENTE AL PECHO!!

9- “No quiero dar de mamar a mi bebé porque se me caerá el pecho”.

Es cierto que tras el parto, por todos los cambios hormonales que supone el embarazo, el aspecto físico de una mujer puede variar. Estos cambios son independientes de la lactancia. Precisamente la lactancia materna es el factor que más contribuye a que la mujer vuelva a recuperar su figura previa al embarazo ya que la grasa acumulada durante el embarazo es utilizada por el organismo para fabricar la leche materna.

Recuerda: ¡¡ SI QUIERO MEJORAR MI FIGURA DESPUES DEL PARTO DARÉ EL PECHO A MI BEBÉ!!

10- “Le he retirado el pecho porque estoy tomando medicamentos”.

La mayoría de los medicamentos, y sobre todo los de uso más común, analgésicos y antibióticos, son compatibles con la lactancia materna. Estos fármacos no pasan, o lo hacen mínimamente, a través de la leche materna. Si tienes dudas puedes consultar en www.e-lactancia.org o a tu pediatra.
Recuerda: ¡¡ LOS BENEFICIOS DE LA LACTANCIA MATERNA COMPENSAN INCLUSO AUNQUE ESTÉ TOMANDO MEDICAMENTOS!!

Comparte esta información con otras madres, especialmente si están dando el pecho (o están teniendo dificultades para darlo). Te lo van a agradecer.