“¿¡¡ Como que no quieres con mamá!!? ¡Vaya tela, esto no está pagado! Llevo todo el día pendiente de tí, preparándote la comida, dándote de comer, te llevo al parque, te baño, … y ahora, en cuanto llega tu padre parece que no existo…”
Son muchas las preguntas que me habéis hecho en este sentido, tanto en la consulta como a través de facebook.
Hace 2 días volvía a recibir dos historias similares. Para no desvelar identidades os pongo un relato parecido:
“Buenas tardes, doctor. Verá, le escribo porque estoy ABSOLUTAMENTE desesperada. Mi hija, de 20 meses, jamás ha sido cariñosa conmigo. Lo único que hace es pegarme. Cada vez que me acerco y le hablo se enfada, como si fuera una extraña. Intento hablarle con calma, darle muchos mimos y cariño, pero no sirve de nada, se sigue enfadando. Le puedo asegurar que jamás le he puesto una mano encima. El problema es que muchos días me desespero y me vengo abajo. Termino llorando. No paro de preguntarme qué he hecho mal. Para colmo estoy embarazada, apunto de tener mi segundo bebé, y no paro de pensar qué puedo hacer para que no se repita otra vez esta misma experiencia.”
Como podéis ver existe un alto grado de sufrimiento y culpabilidad en estas madres. Se hace muy duro sentirse rechazada por tu propio hijo, que es lo que más quieres en esta vida.
Si eres de los que no lees los post hasta el final, te resumo la conclusión:
Tranquila, no te desesperes, continúa queriendo y cuidando de tu hijo como hasta ahora. Pasará. Son fases transitorias en la evolución del desarrollo del apego y la psicología de los niños. No entres en disputa con tu pareja. No sientas celos por ello. Eso no significa que te quiera más ni menos. Existen diferentes fases: “mamitis” o “papitis”. Aprende y disfruta con cada una de ellas.
El apego, que es el lazo afectivo más fuerte que siente el ser humano hacia sus semejantes, se empieza a establecer desde el mismo momento del nacimiento. Pasa por diferentes fases y alcanza su grado máximo alrededor de los 2 años (este es un motivo más para poder reivindicar bajas maternales más prolongadas)
Casi siempre la figura “elegida” es la madre. Esto es debido a muchos factores:
-
Biológicos: puesto que es la madre quien le da el pecho, podríamos pensar que es debido a esto. Pero se ha observado que los niños alimentados con biberón es también más frecuentes que establezcan el apego, inicialmente, con la madre.
-
Sociológicos: debido a los tiempos de licencias de maternidad y paternidad, casi siempre, la madre pasa más tiempo con el bebé en los primeros meses de vida, por tanto, es más frecuente que sea con ella con quien establezca inicialmente el apego.
-
Psicológicos: la mayoría de las madres son más pacientes y tiernas que los padres con sus bebés. Pero se ha visto que los niños se apegan incluso a madres que están continuamente de mal humor y , a veces, se comportan de manera cruel con ellos.
-
Otros: existen veinte mil factores más que influyen en el desarrollo del apego en los niños. Podría hablar de los complejos de Edipo,… de si “las niñas son de los padres y los niños de las madres”,…
Pero, a pesar de que el apego inicialmente es establecido con más frecuencia con la madre no es siempre así. Algunos hijos lo establecen con el padre, se sienten más seguro con él. Eso no significa que no quieran a la madre, ni mucho menos.
Así que si en algún momento te has sentido “rechazada” por tu hijo te vuelvo a repetir:
Tranquila, no te desesperes, continúa queriendo y cuidando de tu hijo como hasta ahora. Pasará. Son fases transitorias en la evolución del desarrollo del apego y la psicología de los niños. No entres en disputa con tu pareja. No sientas celos por ello. Eso no significa que te quiera más ni menos. Existen diferentes fases: “mamitis” o “papitis”. Aprende y disfruta con cada una de ellas.
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Si tienes un minuto te agradezco que reconozcas mis cientos de horas dedicadas a este blog.
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No, este no es post trascendental. Casi tiene más de nostalgia que de otra cosa. No puedo evitarlo. El otro día llegó a la consulta un niño con el codo bien, pero que bien embadurnado de rojo. No venía a la consulta por eso pero no pude evitarlo:
“¿Qué le ha pasado en el codo?”
“Ah, nada , que se ha caído y la abuela le ha puesto mercromina, que dice que es lo mejor que hay para curar las heridas.”
¿Os acordaís? Era casi universal. No había niño en verano que no luciese con los codos o las rodillas impregnadas de ese caractrerístico color rojo.
Pero, ¿qué ha pasado?, ¿por qué ha desaparecido la mercromina?
En realidad no ha desaparecido, simplemente ha perdido tirón. Le han comido el terreno. El “culpable” ha sido el bote amarillo (betadine) que ocupa ahora su lugar en los botiquines caseros. Lo ha desbancado porque su poder antiséptico es mayor y produce menos reacciones cutáneas.
De todas maneras aprovecho para recordar que la povidona yodada (betadine) no es un antiséptico adecuado para la cura de las heridas en embaradas, mujeres recién paridas y recién nacidos. Sus importantes cantidades de yodo pueden provocar hipotiroidismo en los recién nacidos y alterar la prueba del talón.
Volviendo a la nostalgia de los 80. Existía otra infinidad de costumbres y medicamentos con los que crecimos y que ahora ya no se ven.
– ¿Recordáis la aspiria infantil? Ese delicioso “sabor”. Había quien le gustaba disuelta en agua o en un poco de leche calentita, había quien las masticaba, … lo que no había era un niño que no las hubiese probado.
– ¿Recordáis los polvos de talco? No había bebé que tras su correspondiente cambio de pañal no se le aliñara con una generosa cantidad de polvos de talco. No había dermatitis que se se resistiese a ser embadurnada por talco y recibiera el conjuro mágico: “Sana, sana, culito de rana, si no sana hoy sanará mañana”.
– ¿Recordais los botes de calcio 20? Sí, todo niños los niños delgado de finales de los setenta y principios de los ochenta tomaron calcio 20 para las ganas de comer.
– ¿Recordáis el uso de Vicks VapoRub para cualquier catarro? “Uno, en el pecho. Dos, en la espalda…”
– ¿Recordáis las friegas de alcohol para bajar la fiebre?
– ¿Recordáis los vapores de eucalipto?
-¿Recordáis la cantidad de horas de baño perdidas por esperar 2 horas para hacer la digestión?
¿Y qué más recordáis…?
Bendita nostalgia.
En respuesta a varias peticiones que me habéis hecho últimamente sobre este tema, expongo aquí mi opinión sobre este tema.
Os pongo en situación:
“Venga, María, dale un beso a esta señor. Es el abuelo del amigo del primo de la niña que el otro día estaba en el cumpleaños de Sofía”.
Mas de una vez os habéis visto en una situación similar, ¿verdad?
O si no esta otra:
“¡Uy, qué niña más guapa! Pero señora es un poco antipática, ¿no? Es que no me quiere dar un beso.”
Este es un tema que periódicamente ha provocado mucho revuelo en las redes sociales. Uno de los primeros post que se viralizó sobre este tema hace aproximadamente un año fue el escrito por Ana Hanssen que tituló contundentemente “Por favor, no le pidan besos a mis hijos”.
Podría aportar contenidos más o menos fundamentados como los que se demostraron con algunos experimentos donde se evidenciaba que los niños que son obligados a abrazar y besar en contra de su voluntad, son más vulnerables a sufrir abuso sexual porque no han aprendido a decir ‘no’ al contacto físico indeseado con un adulto.
Podría aportar opiniones de expertos como la de Irene van der Zande, directora ejecutiva de una organización especializada en enseñar seguridad personal y prevención de la violencia, que dijo: “Cuando forzamos a los niños a someterse al afecto no deseado para evitar ofender a un familiar o lastimar los sentimientos de un amigo, les enseñamos que sus cuerpos en realidad no les pertenecen porque tienen que dejar a un lado sus propios sentimientos sobre lo que se siente bien para ellos”.
Pero creo que es mucho más sencillo que todo esto. Cada familia puede tener su opinión sobre este tema, pero creo que la mayoría coincidiréis conmigo que no se debe obligar a los niños a dar besos, porque para ellos dar un beso es una sincera, auténtica y verdadera muestra de cariño. Ellos no besan sin sentido. Cuando besan, besan de verdad. Ellos dan BESOS (sí, con mayúsculas y en negrita) Para ellos un beso es un acto muy íntimo y verdadero. Por eso ni siquiera le debemos mendigar besos a nuestros propios hijos. Debemos saber e interpretar cuando ellos están “receptivos”.
Los besos que nos damos los adultos al saludarnos son actos “fríos”, no implican cariño, sólo respeto. Eso no un beso para un niño.
Lo que ellos no entienden es que a un desconocido, a la primera de cambio, haya que darle un beso. “ Pero…, ¿por qué?, si a mi no me apetece. Yo a esa señora no la conozco”. Y con mucha razón que lo dicen.
Pongo un ejemplo a la inversa: imagínese que usted va por la calle con su hija de 18 años y se acerca un señor de 45 años y le pregunta: “¿señora, puedo besar a su hija?” Creo que no hace falta que ponga la respuesta ni describa la cara con la que nos quedaríamos.
Por tanto creo que debemos respetarlos. Es beso debe ser un acto espontáneo. Debemos asumir, además, que la personalidad de cada niño es diferente y no ser besucón no es ningún defecto.
Esto no significa, en absoluto, que nunca vayan a besar al saludar. Ellos, como ya dije en el post “Educar en el ejemplo“, son auténticas máquinas de imitar. Por tanto, si ellos nos ven saludar a nuestros conocidos con besos, acabarán haciéndolo.
Comparte si piensas que no debemos menospreciar LA AUTENTICIDAD DEL BESO DE UN NIÑO.
Os recomiendo un ejercicio muy placentero. Se puede hacer, por supuesto, a cualquier hora, pero en la noche, mientas todos duermen, sin ruidos, con poca luz, los sentimientos se intensifican, se multiplican, se purifican.
Por muy cansado que te encuentres, por muy agotadora que haya sido la jornada, párate quince minutos y siente muy de cerca a tus hijos. Acúnalos, abrázalos, siéntelos, huélelos, imprégnate profundamente de su aroma.
No importa la edad, esa fragancia no se pierde, ese perfume es puro, es eterno.
Si tienes un bebe de pocos días o meses sentirás que huele a ternura, inocencia, instinto, indefensión,… , en fin, a vida muy frágil. Huele fuertemente a vida. Cógelo , duérmelo en tus brazos, huélelo, acarícialo, siéntelo,…
Si tienes un niño de pocos añitos que ya salio de tu dormitorio te recomiendo que seas tú ahora quien se cuela en su cama, cuando ya esté dormido, muy despacio, sin despertarlo, lo abraces y pienses profundamente en él. Siente su respiración tranquila, siente la seguridad que le aportas. Notarás que sigue oliendo a inocencia pero empieza a oler a curiosidad, a travesura, … y empieza a empieza a oler a ti. Siéntelo, huélelo. Sentirás que es inevitable sonreír con el alma cuando en algún momento del día te viste totalmente reflejado en su actitud.
Si tienes un niño más grande, de esos que parece que ya no necesitan que les mimemos tanto, aprovéchate y mímalo. Sí, vuélvelo a mimar. No dejes que escape de tu regazo, pero a la vez siente cómo está creciendo, cómo empieza a establecer otros vínculos…
Si tu hijo es ya un un adolescente, antes de ir a la cama, párate un momento en la puerta de su cuarto, pensando profundamente en él, en todo lo que ya has vivido con él. Haz memoria, vuelve atrás, recuerda sus primeros pasos, sus primeras palabras (pa-pá, ma-má, ..), su primer día de colegio,… Recuerda su primer día de playa,… Recuerda todo lo que ya has vivido e intenta imaginar todo lo que te queda por vivir con él. Imagínalo como padre , cuidando de sus hijos (como tú lo estas cuidando a él), meciéndolos con mucha ternura (toda esa ternura que tú le has dado), jugando cariñosamente con ellos, …
Vuelve a tu cama. Todo está en orden.
Abraza a tu pareja y piensa en cuánto te ha dado la vida.
Huele…
Siente…
Respira tranquilo…
Duerme…
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En otros tiempos estos bebés eran simplemente bebés llorones, más bien muy llorones, y punto.
“¿Cómo que llorones y punto? ¿Sabe, doctor, lo que es no poder despegarme ni un momento de su lado, es un bebé lapa? Después de tenerlo en brazos dos horas de reloj para conseguir que se relaje y se duerma, es soltarlo en la cuna y parece que lo hubiese soltado en una cama con pinchos. Y no es sólo para dormir, en realidad son 24 horas al día. ¿Sabe, doctor, lo que es tener que ir a hacer pipí con el bebé en brazos? ¡Estoy desesperada! Me da vergüenza reconocerlo pero en más de una ocasión lo hubiese tirado por la ventana.”
Creo que muchas familias, especialmente las madres, sabéis a qué tipo de bebés me refiero, ¿no?
Es cierto, no todos los bebés son iguales, también los hay que son “comer y dormir” (podríamos decir, de baja demanda). Pero no es menos cierto que lo de alta o baja demanda depende de la personalidad y el grado de tolerancia de los cuidadores. Lo que para unos padres es normal para otros es insoportable. Igualmente es cierto que una mamá muy nerviosa y angustiada tiene menor grado de tolerancia al llanto de su bebé.
También me he encontrado que la mayoría de estos bebés de alta demanda se dan en padres primerizos. Quizás la experiencia de una crianza anterior tiende a relativizar los problemas y la seguridad de que acabará mejorando hace que nos tomemos las cosas con más tranquilidad a partir del segundo hijo. Una verdad como un templo es que nuestro primer hijo no se puede ni caer, el segundo si se cae lo ayudamos a levantarse, y el tercero si se cae ya se levantará solo.
Quizás el problema de los niños de alta demanda es que, además de lo agotador que puede resultar en algunos momentos (encadenar muchos días y, sobre todo, muchas noches sin descansar no es fácil) lo peor es el sentimiento de culpabilidad que pueden inducir las “buenasmadres”, “buenascuñadas”, “buenasvecinas” y “buenassuegras”. Todas ellas tuvieron bebés “perfectos”. Ya sabéis, el típico consejito: ¡¡No lo cojas en brazos cuando llora que se acostumbrará a los brazos!!
Un consejo: no conozco a ninguna madre de un niño de cinco años que se haya arrepentido de haber cogido a su bebé. Sin embargo, muchas comienzan a sentir mucha pena porque su hijo de cinco años ya no quiere que su mamá lo acune.
Cuando un bebé llora, como ya vimos en este post, suele ser por una de las tres necesidades básicas y suele bastar con satisfacerla:
-
O se ha hecho caca: limpialó.
-
O tiene hambre: dale de comer
-
O tiene necesidad de afecto: cógelo y disfruta de ello. Ten por seguro que es una etapa que pasa.
Pero en ocasiones parece que llora porque sí. No se calma ni estando limpio, ni con el pecho, ni cogiéndolo. Lloran y lloran. En estos casos es importante que sepamos turnarnos papá y mamá, para no entrar en bucle y fomentarnos la ansiedad entre nosotros mismos, o incluso apoyarse en otros miembros de la familia o amigos.
Comparte este post si piensas que se puede evitar que algunos bebés “puedan salir volando por la ventana”.
“Los lunes, miércoles y viernes inglés, de cuatro a cinco, y de allí corriendo a kárate. Los martes y jueves clases de guitarra, de cuatro a cinco, y de allí, nuevamente corriendo a fútbol… Menos mal que con el horario de verano a las siete, cuando acaba el entrenamiento, aún es de día porque en invierno se me hace de noche. ¡Cómo para plantearse tener otro hijo! Además acaba tan cansado que muchos días, ni cena. Mientras espera a que le prepare la cena después de ducharlo, se me queda dormido en el sofá y ya no hay dios que lo despierte. Desde luego, si no fuera por los fines de semana, mi marido no vería nunca al niño despierto… Cuando llega ya está dormido y lo único que puede hacer es llevarlo a la cama y darle un beso, pero él ni se entera. Antes, por lo menos, cuando lo teníamos en el colegio de al lado de casa, lo podía llevar él. Pero ahora, como decidimos meterlo este nuevo cole, para reforzar el inglés, ya no le da tiempo a llevarlo y me toca, nuevamente, a mí, que dejé de trabajar para convertirme en el chófer del niño…Todo sea para facilitarle las cosas para el día de mañana, pero al pobre no le da tiempo ni de jugar…”
Cada vez que escucho una retahíla de este tipo no sé si ponerme triste, decepcionado, apenado, frustrado,…
¿¡¡Pero estamos locos!!?
Parémonos un momento a pensar qué es lo que queremos para nuestros hijos, o mejor aún, qué es lo que esperamos de ellos. Cerrar los ojos un momento, imaginar a vuestro hijo dentro de treinta años y pensar qué es lo que más desearías para él en ese momento: que sea un empresario muy rico, que sea un magnífico profesor, … o que sea feliz, que tenga un montón de amigos, que sea un excelente y cariñoso amigo, padre, hermano, hijo.
¿Qué no les da tiempo ni a jugar? Pero…, por favor, si somos nosotros los que les llenamos las tardes de actividades extraescolares hasta extenuarles. ¿Les reservamos algún tiempo para que se desarrollen como personas o sólo importa si es campeón de tenis, sabe tres idiomas y es el número uno de su clase?
Por no hablar del tema de la elección del colegio, que estamos ahora en la fecha, y que trae estresadas a un gran número de familias. ¿Acaso no hay que valorar le cercanía del colegio?, ¿lo único que importa son las horas de inglés que se imparten a la semana?, ¿nos planteamos que después no podrán jugar con sus compañeros-vecinos?, ¿cuánto valor le damos al juego?, ¿y a la amistad?… El colegio no es responsable de la educación de nuestros hijos. Allí debe ir a aprender, la educación deben llevarla de casa (podéis repasar el post de Educar con el ejemplo pinchando aquí). Como dice Eva Miller: Jugar debe ser una prioridad en la infancia. No sólo porque desarrolla la creatividad, la sociabilidad y la empatía, sino porque es un pilar para el aprendizaje.
El juego ayuda a desarrollar las capacidades creativas y el pensamiento crítico, además de habilidades como la resolución de problemas, la empatía, la comunicación y el trabajo en equipo.
Pienso que nos excedemos en la tarea de padres. Abarcamos hasta más allá de lo que nos corresponde. Estamos desarrollando como ya hablan muchos autores el concepto de “hiperpadres”.
Somos padres y planeamos niños meticulosamente cómo deben ser nuestros “perfectos hijos”.
Crear individuos libres, capaces de ser felices y de amar, supone ir entrenando desde la infancia el ejercicio de la responsabilidad, la autonomía, el compañerismo,… por tanto, debemos dejar de “vivirles su vida”. Debemos simplemente acompañarles desde el amor para que, en función de su edad, vayan aprendiendo a tomar decisiones.
Comparte esta información si piensas que debemos “dejarles su espacio” a nuestros hijos.
Con la llegada del calorcito comienzan a florecer muchas de las flores en los campos y jardines. Ciertamente es un espectáculo de la naturaleza. Pero casi al mismo ritmo empiezan a “florecer” en las salas de espera de los pediatras los niños nuevamente con mocos.
Es cierto que los pediatras estamos muy acostumbrados a lidiar con niños mocosos. De hecho, como ya dije en el post de los lavados nasales (lo podéis repasar pinchando aquí) “aceptamos moco como animal de compañía”.
Pero es cierto que en esta época del año conviene distinguir bien entre los síntomas de los catarros y de las alergias. Conviene aclarar que alergia hay durante todo el año pero se intensifica en primavera por la mayor carga en el ambiente de alérgenos (pólenes, gramíneas,…).
Es interesante diferenciar si se trata de un catarro o de alergia porque el tratamiento es totalmente distinto.
Para el caso de los catarros, además de una buena hidratación la medida estrella son los lavados nasales (podéis repasar la técnica aquí) mientras que el tratamiento de las alergias consiste, en la mayoría de las ocasiones, en un antihistamínico.
Si quieres saber si el “culpable” de tus mocos es la alergia o un catarro basta con responder a estas sencillas preguntas:
- ¿El moco es acuoso o espeso?
El moqueo en la alergia a es un goteo continuo de moco acuoso, transparente, como agua mientras que la mucosidad en los catarros puede comenzar siendo transparente pero en pocas horas se irá espesando y siendo cada vez más amarillenta o incluso verdosa.
El estornudo es otro de los síntomas típicamente alérgico, sobre todo si se produce en golpes de más de cinco estornudos seguidos. Es cierto que en un catarro puede haber estornudos pero es mucho más típico que haya tos.
- ¿Te pica la nariz o los ojos?
Igual que en la pregunta anterior también puede existir cierta piquiña en la nariz o en la garganta en los catarros pero si te pican mucho la nariz y los ojos lo más seguro es que se trate de una alergia.
En el caso de los catarros, por la congestión de la mucosa de la nariz, podemos tener cierto lagrimeo, pero en el caso de las alergias el lagrimeo es constante acompañado del picor de los ojos. Conviene distinguir estas conjuntivitis alérgicas de otra causa infecciosa como ya vimos en le post que puedes ver pinchando aquí.
En el caso de las alergias nunca existe fiebre mientras que en los catarros, aunque no es un síntoma “obligatorio” puede estar presente en muchas ocasiones.
- ¿Los síntomas han aparecido bruscamente o poco a poco?
En el caso de los catarros los síntomas suelen comenzar de una manera más insidiosa, el paciente se empieza a sentir mal poco a poco, mientras que en las alergia el comienzo es muy brusco; cuando estás tan tranquilo empiezas con el achissssss, achisssss, achissss, … y ya no puedes parar.
- ¿Cuánto tiempo llevas con los síntomas?
En las alergias uno se encuentra mal durante unos minutos u horas, pero suele mejorar rápido mientras que el catarro suele durar 4-5 días.
Insisto que la importancia de diferenciar un proceso del otro es sobre todo por el tratamiento: en el caso de las alergias la mayoría de las veces con un antihistamínico estarán cubiertos todos los síntomas. En el caso de que predominen además mucho picor ocular o lagrimeo se puede asociar un colirio antihistamínico. Si lo que predomina es el picor nasal y el goteo continuo de moco acuoso puede asociarse un spray nasal de corticoides.
Comparte esta información si piensas que puede ayudar a distinguir las alergias de los catarros.
Educar a un niño puede ser apasionante, emocionante, agotador,… y así hasta mil calificativos más pero, desde luego, nadie dijo que fuese fácil.
Está muy de moda en cualquier foro que haga referencia a la educación de los niños hablar de la resiliencia.
“¿Cómo?, ¿Resi-qué?”
No me gusta dar definiciones exactas, y menos si hablamos de psicología, porque ahí si que nos podemos perder todos.
La resiliencia, para entendernos, es la capacidad que tiene una persona (en este caso, un niño) para sobreponerse a una situación adversa y sacar, incluso, una enseñanza.
Para estas cosas más vale poner ejemplos sencillos y reales.
Hace unos días leía cómo podemos reaccionar ante una situación tan cotidiana y banal puede ser la siguiente:
Un día cualquiera, que llevas mucha prisa, como siempre, en el desayuno, antes de ir al cole. Sirves la leche, de la que, por cierto, ya queda muy poca; tu hijo por descuido tira el vaso, el cual se rompe y se derrama toda la leche.
Nos ha pasado a todos, ¿verdad?
Bueno, pues esta situación tan cotidiana la podemos enfrentar, al menos, de tres maneras diferentes:
Rompes en cólera (“¡pero cómo serás tan tonto, hijo!, ¡mira que eres inútil!, ¡y vosotros (a los hermanos, que por cierto miran la escena atónitos), tener también cuidado que si no también vais a cobrar!, ¡siempre igual, yo aquí echo un esclavo para que los señoritos tiren la leche!, ¡¿eso es lo que me ayudáis?!)
Como ya dije en el post Educar con el ejemplo, no deberemos sorprendernos después si con estas actitudes nuestras, ellos intentan resolver sus conflictos usando la violencia.
Si eres de este “club” lo mismo no te ha pasado nunca esta situación y, probablemente, nunca te pase. Lo cual no quiere decir que sea bueno. Puede que para que esto nunca te pase tus hijos, con 8 años, sigan tomando su leche en vaso de plástico
De esta manera nunca llegarás tarde a ningún sitio. Pero estarás “condenando” a tus hijos a que lleguen tarde siempre a la hora de hacerles independientes, autosuficientes, autónomos y que, además, los incapacites para todos los días de su vida.
Decía María Montessor: “Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo”. Muy al hilo de esto podemos insistir en el flaco favor que le hacenmos a nuestros hijos haciéndoles los deberes. Ya hablé de esto en el post La vuelta la cole. Podéis repasarlo pinchando aquí.
En esta ocasión, con calma, le pides que recoja el vaso ya que fue él quien lo derramó. Incluso si se corta, le pones una tirita, y le invitas a que continúe recogiéndolo. Si se hace tarde también puedes proponerle que cuando llegue del cole lo primero que debe hacer es recogerlo. Le ofreces otra cosa para desayunar, puesto que se ha terminado la poca leche que quedaba y, manteniendo la calma, lo llevas al cole y lo despides con un beso. Al día siguiente, le pides que sea él quien sirva la leche y lo felicitas por hacerlo de forma adecuada.
Qué cruel pensareis algunos, ¿verdad? Permitir que nuestros hijos asuman las consecuencias naturales de sus actos es todo un proceso de vida que le permite volverse responsable, autónomo y seguro de sí mismo.
Claro que es mucho más rápido darle un pescozón o servírselo en vaso de plástico, pero la vida no es una carrera de velocidad sino una carrera de fondo. No gana quien llega antes sino quien llega “mejor”. El tiempo lo recompensará de sobra.
No quiero con este post decir que soy un padre ejemplar. Nada más lejos de la realidad. Sólo quiero invitar a que reflexionemos.
¿Y tú? ¿en qué grupo te encuadras?
Han sido estos días unos días muy duros. La madre de un gran amigo nos dejaba repentinamente, sin previo aviso, sin dar la oportunidad de que toda la gente que la queríamos la pudiésemos despedir.
Esto ha hecho que en las últimas horas piense mucho en los abuelos. También me ha hecho ver cómo, ante las adversidades, se crecen los padres en su capacidad de ser padres.
Los abuelos son esa pieza del puzzle familiar tan necesaria para “malcriar” a nuestros hijos.
Ellos se permiten hacer esa “malcrianza” porque sus experiencias les han dotado de una óptica mucho más objetiva para afrontar los problemas. Esa óptica les sirve para relativizar los problemas, Aportan esa visión tan necesaria para demostrar que a Roma se puede llegar por muchos caminos y que no debemos obsesionarnos por cruzar el río por un único puente, existen otros pasos alternativos tan válidos como ese en el que nosotros nos empeñábamos.
Esto les dota de una ternura tan especial que hace que todos nuestros hijos estén desando quedarse con ellos.
Los abuelos son conciliadores, cariñosos, entrañables, consejeros, amigos,… en fin, son BUENOS.
Pero ¿qué pasa cuando les perdemos?
Pues aparte del inevitable dolor del no poder disfrutar físicamente de ellos comenzamos a descubrirlos dentro de nosotros mismos.
Esa es la magia de los abuelos: nunca se van del todo, SIEMPRE ESTÁN CON NOSOTROS.
Una parte muy importante de ellos nos impregna. Sus enseñanzas son tan directas que nos enseñan a ser padres sólo con su presencia.
Nos encontramos, de pronto, defendiendo un modelo de educación y un estilo de vida que hasta entonces habíamos criticado. Sí, son ellos, que continúan enseñándonos SIEMPRE, porque en la crianza de nuestros hijos son tan necesarias las rutinas como la “malcrianza” de los abuelos.
Quien ha perdido un ser querido sólo pierde su presencia física, TODO LO DEMÁS QUEDA PARA SIEMPRE. Las personas buenas nunca se van del todo.
Gracias, abuelos, por todas vuestras enseñanzas.
Amigo, un abrazo muy fuerte.
– “¡¡Felicidades papá!! Mira lo que te he traído. Lo he hecho yo solito, para ti. ¿Has visto qué bien coloreado está? No me he salido nada de la rayita”.
– “¡¡Muchas gracias, hijo!! La verdad es que lo has coloreado fenomenal. Es muy bonito. Me encanta”.
Y uno se queda pensando cómo un trozo de papel puede llegar a hacerle tanta ilusión.
Es ahí donde descubre la magia del amor desinteresado.
¡¡Te quiero porque te quiero, y punto, y te querré siempre!!
La inocencia de un niño es mágica. El amor es infinito.
Cuando uno es padre empieza a intuir cuánto lo han querido. Aprovecho hoy, por tanto, para darte las gracias. ¡¡Te quiero, papá!!
Pero estos días de celebraciones siempre tienen una parte triste.
¡Qué duro es no tener a un padre al lado! ¡Qué figura tan importante falta en el puzzle familiar!
Es también ahí donde algunas mujeres se hacen inmensas, intentando abarcar la falta de la pieza del puzzle y la suya propia.
Qué duro es pensar que muchos pequeños éxitos de los hijos provocan un vacío enorme por la falta de papá.
¡Cuanto me hubiese gustado, papá, que escucharas sus primeras palabritas!
¡Cuánto me hubiese gustado, papá, que vieras cómo da sus primeros pasitos!
¡Cuánto me hubiese gustado, papá, que lo vieras con su mochila en su primer día de cole!
¡Cuanto me hubiese gustado, papá, que vieras cómo celebra los goles con sus amigos (mirando al cielo y señalándote)!
¡Cuánto me hubiese gustado, papá, que vieras cómo quiere a su pareja!¡Cuánto amor recibido y cuánto amor entregado!
¡Cuánto me hubiese gustado, papá, que vieras cómo quiere a sus hijos, como tú lo querías, infinito, desinteresado,…!
¡Cuánto me hubiese gustado, papá, haberte dicho más veces lo mucho que te quiero!
Felicidades papá.
Minientrada – Página 7 – CuidarMiBebe
“¿¡¡ Como que no quieres con mamá!!? ¡Vaya tela, esto no está pagado! Llevo todo el día pendiente de tí, preparándote la comida, dándote de comer, te llevo al parque, te baño, … y ahora, en cuanto llega tu padre parece que no existo…”
Son muchas las preguntas que me habéis hecho en este sentido, tanto en la consulta como a través de facebook.
Hace 2 días volvía a recibir dos historias similares. Para no desvelar identidades os pongo un relato parecido:
“Buenas tardes, doctor. Verá, le escribo porque estoy ABSOLUTAMENTE desesperada. Mi hija, de 20 meses, jamás ha sido cariñosa conmigo. Lo único que hace es pegarme. Cada vez que me acerco y le hablo se enfada, como si fuera una extraña. Intento hablarle con calma, darle muchos mimos y cariño, pero no sirve de nada, se sigue enfadando. Le puedo asegurar que jamás le he puesto una mano encima. El problema es que muchos días me desespero y me vengo abajo. Termino llorando. No paro de preguntarme qué he hecho mal. Para colmo estoy embarazada, apunto de tener mi segundo bebé, y no paro de pensar qué puedo hacer para que no se repita otra vez esta misma experiencia.”
Como podéis ver existe un alto grado de sufrimiento y culpabilidad en estas madres. Se hace muy duro sentirse rechazada por tu propio hijo, que es lo que más quieres en esta vida.
Si eres de los que no lees los post hasta el final, te resumo la conclusión:
Tranquila, no te desesperes, continúa queriendo y cuidando de tu hijo como hasta ahora. Pasará. Son fases transitorias en la evolución del desarrollo del apego y la psicología de los niños. No entres en disputa con tu pareja. No sientas celos por ello. Eso no significa que te quiera más ni menos. Existen diferentes fases: “mamitis” o “papitis”. Aprende y disfruta con cada una de ellas.
El apego, que es el lazo afectivo más fuerte que siente el ser humano hacia sus semejantes, se empieza a establecer desde el mismo momento del nacimiento. Pasa por diferentes fases y alcanza su grado máximo alrededor de los 2 años (este es un motivo más para poder reivindicar bajas maternales más prolongadas)
Casi siempre la figura “elegida” es la madre. Esto es debido a muchos factores:
Biológicos: puesto que es la madre quien le da el pecho, podríamos pensar que es debido a esto. Pero se ha observado que los niños alimentados con biberón es también más frecuentes que establezcan el apego, inicialmente, con la madre.
Sociológicos: debido a los tiempos de licencias de maternidad y paternidad, casi siempre, la madre pasa más tiempo con el bebé en los primeros meses de vida, por tanto, es más frecuente que sea con ella con quien establezca inicialmente el apego.
Psicológicos: la mayoría de las madres son más pacientes y tiernas que los padres con sus bebés. Pero se ha visto que los niños se apegan incluso a madres que están continuamente de mal humor y , a veces, se comportan de manera cruel con ellos.
Otros: existen veinte mil factores más que influyen en el desarrollo del apego en los niños. Podría hablar de los complejos de Edipo,… de si “las niñas son de los padres y los niños de las madres”,…
Pero, a pesar de que el apego inicialmente es establecido con más frecuencia con la madre no es siempre así. Algunos hijos lo establecen con el padre, se sienten más seguro con él. Eso no significa que no quieran a la madre, ni mucho menos.
Así que si en algún momento te has sentido “rechazada” por tu hijo te vuelvo a repetir:
Tranquila, no te desesperes, continúa queriendo y cuidando de tu hijo como hasta ahora. Pasará. Son fases transitorias en la evolución del desarrollo del apego y la psicología de los niños. No entres en disputa con tu pareja. No sientas celos por ello. Eso no significa que te quiera más ni menos. Existen diferentes fases: “mamitis” o “papitis”. Aprende y disfruta con cada una de ellas.
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Si tienes un minuto te agradezco que reconozcas mis cientos de horas dedicadas a este blog.
¡¡Vótame a los premios Bitácoras 2016 pinchando debajo!!
No, este no es post trascendental. Casi tiene más de nostalgia que de otra cosa. No puedo evitarlo. El otro día llegó a la consulta un niño con el codo bien, pero que bien embadurnado de rojo. No venía a la consulta por eso pero no pude evitarlo:
“¿Qué le ha pasado en el codo?”
“Ah, nada , que se ha caído y la abuela le ha puesto mercromina, que dice que es lo mejor que hay para curar las heridas.”
¿Os acordaís? Era casi universal. No había niño en verano que no luciese con los codos o las rodillas impregnadas de ese caractrerístico color rojo.
Pero, ¿qué ha pasado?, ¿por qué ha desaparecido la mercromina?
En realidad no ha desaparecido, simplemente ha perdido tirón. Le han comido el terreno. El “culpable” ha sido el bote amarillo (betadine) que ocupa ahora su lugar en los botiquines caseros. Lo ha desbancado porque su poder antiséptico es mayor y produce menos reacciones cutáneas.
De todas maneras aprovecho para recordar que la povidona yodada (betadine) no es un antiséptico adecuado para la cura de las heridas en embaradas, mujeres recién paridas y recién nacidos. Sus importantes cantidades de yodo pueden provocar hipotiroidismo en los recién nacidos y alterar la prueba del talón.
Volviendo a la nostalgia de los 80. Existía otra infinidad de costumbres y medicamentos con los que crecimos y que ahora ya no se ven.
– ¿Recordáis la aspiria infantil? Ese delicioso “sabor”. Había quien le gustaba disuelta en agua o en un poco de leche calentita, había quien las masticaba, … lo que no había era un niño que no las hubiese probado.
– ¿Recordáis los polvos de talco? No había bebé que tras su correspondiente cambio de pañal no se le aliñara con una generosa cantidad de polvos de talco. No había dermatitis que se se resistiese a ser embadurnada por talco y recibiera el conjuro mágico: “Sana, sana, culito de rana, si no sana hoy sanará mañana”.
– ¿Recordais los botes de calcio 20? Sí, todo niños los niños delgado de finales de los setenta y principios de los ochenta tomaron calcio 20 para las ganas de comer.
– ¿Recordáis el uso de Vicks VapoRub para cualquier catarro? “Uno, en el pecho. Dos, en la espalda…”
– ¿Recordáis las friegas de alcohol para bajar la fiebre?
– ¿Recordáis los vapores de eucalipto?
-¿Recordáis la cantidad de horas de baño perdidas por esperar 2 horas para hacer la digestión?
¿Y qué más recordáis…?
Bendita nostalgia.
En respuesta a varias peticiones que me habéis hecho últimamente sobre este tema, expongo aquí mi opinión sobre este tema.
Os pongo en situación:
“Venga, María, dale un beso a esta señor. Es el abuelo del amigo del primo de la niña que el otro día estaba en el cumpleaños de Sofía”.
Mas de una vez os habéis visto en una situación similar, ¿verdad?
O si no esta otra:
“¡Uy, qué niña más guapa! Pero señora es un poco antipática, ¿no? Es que no me quiere dar un beso.”
Este es un tema que periódicamente ha provocado mucho revuelo en las redes sociales. Uno de los primeros post que se viralizó sobre este tema hace aproximadamente un año fue el escrito por Ana Hanssen que tituló contundentemente “Por favor, no le pidan besos a mis hijos”.
Podría aportar contenidos más o menos fundamentados como los que se demostraron con algunos experimentos donde se evidenciaba que los niños que son obligados a abrazar y besar en contra de su voluntad, son más vulnerables a sufrir abuso sexual porque no han aprendido a decir ‘no’ al contacto físico indeseado con un adulto.
Podría aportar opiniones de expertos como la de Irene van der Zande, directora ejecutiva de una organización especializada en enseñar seguridad personal y prevención de la violencia, que dijo: “Cuando forzamos a los niños a someterse al afecto no deseado para evitar ofender a un familiar o lastimar los sentimientos de un amigo, les enseñamos que sus cuerpos en realidad no les pertenecen porque tienen que dejar a un lado sus propios sentimientos sobre lo que se siente bien para ellos”.
Pero creo que es mucho más sencillo que todo esto. Cada familia puede tener su opinión sobre este tema, pero creo que la mayoría coincidiréis conmigo que no se debe obligar a los niños a dar besos, porque para ellos dar un beso es una sincera, auténtica y verdadera muestra de cariño. Ellos no besan sin sentido. Cuando besan, besan de verdad. Ellos dan BESOS (sí, con mayúsculas y en negrita) Para ellos un beso es un acto muy íntimo y verdadero. Por eso ni siquiera le debemos mendigar besos a nuestros propios hijos. Debemos saber e interpretar cuando ellos están “receptivos”.
Los besos que nos damos los adultos al saludarnos son actos “fríos”, no implican cariño, sólo respeto. Eso no un beso para un niño.
Lo que ellos no entienden es que a un desconocido, a la primera de cambio, haya que darle un beso. “ Pero…, ¿por qué?, si a mi no me apetece. Yo a esa señora no la conozco”. Y con mucha razón que lo dicen.
Pongo un ejemplo a la inversa: imagínese que usted va por la calle con su hija de 18 años y se acerca un señor de 45 años y le pregunta: “¿señora, puedo besar a su hija?” Creo que no hace falta que ponga la respuesta ni describa la cara con la que nos quedaríamos.
Por tanto creo que debemos respetarlos. Es beso debe ser un acto espontáneo. Debemos asumir, además, que la personalidad de cada niño es diferente y no ser besucón no es ningún defecto.
Esto no significa, en absoluto, que nunca vayan a besar al saludar. Ellos, como ya dije en el post “Educar en el ejemplo“, son auténticas máquinas de imitar. Por tanto, si ellos nos ven saludar a nuestros conocidos con besos, acabarán haciéndolo.
Comparte si piensas que no debemos menospreciar LA AUTENTICIDAD DEL BESO DE UN NIÑO.
Os recomiendo un ejercicio muy placentero. Se puede hacer, por supuesto, a cualquier hora, pero en la noche, mientas todos duermen, sin ruidos, con poca luz, los sentimientos se intensifican, se multiplican, se purifican.
Por muy cansado que te encuentres, por muy agotadora que haya sido la jornada, párate quince minutos y siente muy de cerca a tus hijos. Acúnalos, abrázalos, siéntelos, huélelos, imprégnate profundamente de su aroma.
No importa la edad, esa fragancia no se pierde, ese perfume es puro, es eterno.
Si tienes un bebe de pocos días o meses sentirás que huele a ternura, inocencia, instinto, indefensión,… , en fin, a vida muy frágil. Huele fuertemente a vida. Cógelo , duérmelo en tus brazos, huélelo, acarícialo, siéntelo,…
Si tienes un niño de pocos añitos que ya salio de tu dormitorio te recomiendo que seas tú ahora quien se cuela en su cama, cuando ya esté dormido, muy despacio, sin despertarlo, lo abraces y pienses profundamente en él. Siente su respiración tranquila, siente la seguridad que le aportas. Notarás que sigue oliendo a inocencia pero empieza a oler a curiosidad, a travesura, … y empieza a empieza a oler a ti. Siéntelo, huélelo. Sentirás que es inevitable sonreír con el alma cuando en algún momento del día te viste totalmente reflejado en su actitud.
Si tienes un niño más grande, de esos que parece que ya no necesitan que les mimemos tanto, aprovéchate y mímalo. Sí, vuélvelo a mimar. No dejes que escape de tu regazo, pero a la vez siente cómo está creciendo, cómo empieza a establecer otros vínculos…
Si tu hijo es ya un un adolescente, antes de ir a la cama, párate un momento en la puerta de su cuarto, pensando profundamente en él, en todo lo que ya has vivido con él. Haz memoria, vuelve atrás, recuerda sus primeros pasos, sus primeras palabras (pa-pá, ma-má, ..), su primer día de colegio,… Recuerda su primer día de playa,… Recuerda todo lo que ya has vivido e intenta imaginar todo lo que te queda por vivir con él. Imagínalo como padre , cuidando de sus hijos (como tú lo estas cuidando a él), meciéndolos con mucha ternura (toda esa ternura que tú le has dado), jugando cariñosamente con ellos, …
Vuelve a tu cama. Todo está en orden.
Abraza a tu pareja y piensa en cuánto te ha dado la vida.
Huele…
Siente…
Respira tranquilo…
Duerme…
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En otros tiempos estos bebés eran simplemente bebés llorones, más bien muy llorones, y punto.
“¿Cómo que llorones y punto? ¿Sabe, doctor, lo que es no poder despegarme ni un momento de su lado, es un bebé lapa? Después de tenerlo en brazos dos horas de reloj para conseguir que se relaje y se duerma, es soltarlo en la cuna y parece que lo hubiese soltado en una cama con pinchos. Y no es sólo para dormir, en realidad son 24 horas al día. ¿Sabe, doctor, lo que es tener que ir a hacer pipí con el bebé en brazos? ¡Estoy desesperada! Me da vergüenza reconocerlo pero en más de una ocasión lo hubiese tirado por la ventana.”
Creo que muchas familias, especialmente las madres, sabéis a qué tipo de bebés me refiero, ¿no?
Es cierto, no todos los bebés son iguales, también los hay que son “comer y dormir” (podríamos decir, de baja demanda). Pero no es menos cierto que lo de alta o baja demanda depende de la personalidad y el grado de tolerancia de los cuidadores. Lo que para unos padres es normal para otros es insoportable. Igualmente es cierto que una mamá muy nerviosa y angustiada tiene menor grado de tolerancia al llanto de su bebé.
También me he encontrado que la mayoría de estos bebés de alta demanda se dan en padres primerizos. Quizás la experiencia de una crianza anterior tiende a relativizar los problemas y la seguridad de que acabará mejorando hace que nos tomemos las cosas con más tranquilidad a partir del segundo hijo. Una verdad como un templo es que nuestro primer hijo no se puede ni caer, el segundo si se cae lo ayudamos a levantarse, y el tercero si se cae ya se levantará solo.
Quizás el problema de los niños de alta demanda es que, además de lo agotador que puede resultar en algunos momentos (encadenar muchos días y, sobre todo, muchas noches sin descansar no es fácil) lo peor es el sentimiento de culpabilidad que pueden inducir las “buenasmadres”, “buenascuñadas”, “buenasvecinas” y “buenassuegras”. Todas ellas tuvieron bebés “perfectos”. Ya sabéis, el típico consejito: ¡¡No lo cojas en brazos cuando llora que se acostumbrará a los brazos!!
Un consejo: no conozco a ninguna madre de un niño de cinco años que se haya arrepentido de haber cogido a su bebé. Sin embargo, muchas comienzan a sentir mucha pena porque su hijo de cinco años ya no quiere que su mamá lo acune.
Cuando un bebé llora, como ya vimos en este post, suele ser por una de las tres necesidades básicas y suele bastar con satisfacerla:
O se ha hecho caca: limpialó.
O tiene hambre: dale de comer
O tiene necesidad de afecto: cógelo y disfruta de ello. Ten por seguro que es una etapa que pasa.
Pero en ocasiones parece que llora porque sí. No se calma ni estando limpio, ni con el pecho, ni cogiéndolo. Lloran y lloran. En estos casos es importante que sepamos turnarnos papá y mamá, para no entrar en bucle y fomentarnos la ansiedad entre nosotros mismos, o incluso apoyarse en otros miembros de la familia o amigos.
Comparte este post si piensas que se puede evitar que algunos bebés “puedan salir volando por la ventana”.
“Los lunes, miércoles y viernes inglés, de cuatro a cinco, y de allí corriendo a kárate. Los martes y jueves clases de guitarra, de cuatro a cinco, y de allí, nuevamente corriendo a fútbol… Menos mal que con el horario de verano a las siete, cuando acaba el entrenamiento, aún es de día porque en invierno se me hace de noche. ¡Cómo para plantearse tener otro hijo! Además acaba tan cansado que muchos días, ni cena. Mientras espera a que le prepare la cena después de ducharlo, se me queda dormido en el sofá y ya no hay dios que lo despierte. Desde luego, si no fuera por los fines de semana, mi marido no vería nunca al niño despierto… Cuando llega ya está dormido y lo único que puede hacer es llevarlo a la cama y darle un beso, pero él ni se entera. Antes, por lo menos, cuando lo teníamos en el colegio de al lado de casa, lo podía llevar él. Pero ahora, como decidimos meterlo este nuevo cole, para reforzar el inglés, ya no le da tiempo a llevarlo y me toca, nuevamente, a mí, que dejé de trabajar para convertirme en el chófer del niño…Todo sea para facilitarle las cosas para el día de mañana, pero al pobre no le da tiempo ni de jugar…”
Cada vez que escucho una retahíla de este tipo no sé si ponerme triste, decepcionado, apenado, frustrado,…
¿¡¡Pero estamos locos!!?
Parémonos un momento a pensar qué es lo que queremos para nuestros hijos, o mejor aún, qué es lo que esperamos de ellos. Cerrar los ojos un momento, imaginar a vuestro hijo dentro de treinta años y pensar qué es lo que más desearías para él en ese momento: que sea un empresario muy rico, que sea un magnífico profesor, … o que sea feliz, que tenga un montón de amigos, que sea un excelente y cariñoso amigo, padre, hermano, hijo.
¿Qué no les da tiempo ni a jugar? Pero…, por favor, si somos nosotros los que les llenamos las tardes de actividades extraescolares hasta extenuarles. ¿Les reservamos algún tiempo para que se desarrollen como personas o sólo importa si es campeón de tenis, sabe tres idiomas y es el número uno de su clase?
Por no hablar del tema de la elección del colegio, que estamos ahora en la fecha, y que trae estresadas a un gran número de familias. ¿Acaso no hay que valorar le cercanía del colegio?, ¿lo único que importa son las horas de inglés que se imparten a la semana?, ¿nos planteamos que después no podrán jugar con sus compañeros-vecinos?, ¿cuánto valor le damos al juego?, ¿y a la amistad?… El colegio no es responsable de la educación de nuestros hijos. Allí debe ir a aprender, la educación deben llevarla de casa (podéis repasar el post de Educar con el ejemplo pinchando aquí). Como dice Eva Miller: Jugar debe ser una prioridad en la infancia. No sólo porque desarrolla la creatividad, la sociabilidad y la empatía, sino porque es un pilar para el aprendizaje.
El juego ayuda a desarrollar las capacidades creativas y el pensamiento crítico, además de habilidades como la resolución de problemas, la empatía, la comunicación y el trabajo en equipo.
Pienso que nos excedemos en la tarea de padres. Abarcamos hasta más allá de lo que nos corresponde. Estamos desarrollando como ya hablan muchos autores el concepto de “hiperpadres”.
Somos padres y planeamos niños meticulosamente cómo deben ser nuestros “perfectos hijos”.
Crear individuos libres, capaces de ser felices y de amar, supone ir entrenando desde la infancia el ejercicio de la responsabilidad, la autonomía, el compañerismo,… por tanto, debemos dejar de “vivirles su vida”. Debemos simplemente acompañarles desde el amor para que, en función de su edad, vayan aprendiendo a tomar decisiones.
Comparte esta información si piensas que debemos “dejarles su espacio” a nuestros hijos.
Con la llegada del calorcito comienzan a florecer muchas de las flores en los campos y jardines. Ciertamente es un espectáculo de la naturaleza. Pero casi al mismo ritmo empiezan a “florecer” en las salas de espera de los pediatras los niños nuevamente con mocos.
Es cierto que los pediatras estamos muy acostumbrados a lidiar con niños mocosos. De hecho, como ya dije en el post de los lavados nasales (lo podéis repasar pinchando aquí) “aceptamos moco como animal de compañía”.
Pero es cierto que en esta época del año conviene distinguir bien entre los síntomas de los catarros y de las alergias. Conviene aclarar que alergia hay durante todo el año pero se intensifica en primavera por la mayor carga en el ambiente de alérgenos (pólenes, gramíneas,…).
Es interesante diferenciar si se trata de un catarro o de alergia porque el tratamiento es totalmente distinto.
Para el caso de los catarros, además de una buena hidratación la medida estrella son los lavados nasales (podéis repasar la técnica aquí) mientras que el tratamiento de las alergias consiste, en la mayoría de las ocasiones, en un antihistamínico.
Si quieres saber si el “culpable” de tus mocos es la alergia o un catarro basta con responder a estas sencillas preguntas:
El moqueo en la alergia a es un goteo continuo de moco acuoso, transparente, como agua mientras que la mucosidad en los catarros puede comenzar siendo transparente pero en pocas horas se irá espesando y siendo cada vez más amarillenta o incluso verdosa.
El estornudo es otro de los síntomas típicamente alérgico, sobre todo si se produce en golpes de más de cinco estornudos seguidos. Es cierto que en un catarro puede haber estornudos pero es mucho más típico que haya tos.
Igual que en la pregunta anterior también puede existir cierta piquiña en la nariz o en la garganta en los catarros pero si te pican mucho la nariz y los ojos lo más seguro es que se trate de una alergia.
En el caso de los catarros, por la congestión de la mucosa de la nariz, podemos tener cierto lagrimeo, pero en el caso de las alergias el lagrimeo es constante acompañado del picor de los ojos. Conviene distinguir estas conjuntivitis alérgicas de otra causa infecciosa como ya vimos en le post que puedes ver pinchando aquí.
En el caso de las alergias nunca existe fiebre mientras que en los catarros, aunque no es un síntoma “obligatorio” puede estar presente en muchas ocasiones.
En el caso de los catarros los síntomas suelen comenzar de una manera más insidiosa, el paciente se empieza a sentir mal poco a poco, mientras que en las alergia el comienzo es muy brusco; cuando estás tan tranquilo empiezas con el achissssss, achisssss, achissss, … y ya no puedes parar.
En las alergias uno se encuentra mal durante unos minutos u horas, pero suele mejorar rápido mientras que el catarro suele durar 4-5 días.
Insisto que la importancia de diferenciar un proceso del otro es sobre todo por el tratamiento: en el caso de las alergias la mayoría de las veces con un antihistamínico estarán cubiertos todos los síntomas. En el caso de que predominen además mucho picor ocular o lagrimeo se puede asociar un colirio antihistamínico. Si lo que predomina es el picor nasal y el goteo continuo de moco acuoso puede asociarse un spray nasal de corticoides.
Comparte esta información si piensas que puede ayudar a distinguir las alergias de los catarros.
Educar a un niño puede ser apasionante, emocionante, agotador,… y así hasta mil calificativos más pero, desde luego, nadie dijo que fuese fácil.
Está muy de moda en cualquier foro que haga referencia a la educación de los niños hablar de la resiliencia.
“¿Cómo?, ¿Resi-qué?”
No me gusta dar definiciones exactas, y menos si hablamos de psicología, porque ahí si que nos podemos perder todos.
La resiliencia, para entendernos, es la capacidad que tiene una persona (en este caso, un niño) para sobreponerse a una situación adversa y sacar, incluso, una enseñanza.
Para estas cosas más vale poner ejemplos sencillos y reales.
Hace unos días leía cómo podemos reaccionar ante una situación tan cotidiana y banal puede ser la siguiente:
Un día cualquiera, que llevas mucha prisa, como siempre, en el desayuno, antes de ir al cole. Sirves la leche, de la que, por cierto, ya queda muy poca; tu hijo por descuido tira el vaso, el cual se rompe y se derrama toda la leche.
Nos ha pasado a todos, ¿verdad?
Bueno, pues esta situación tan cotidiana la podemos enfrentar, al menos, de tres maneras diferentes:
Rompes en cólera (“¡pero cómo serás tan tonto, hijo!, ¡mira que eres inútil!, ¡y vosotros (a los hermanos, que por cierto miran la escena atónitos), tener también cuidado que si no también vais a cobrar!, ¡siempre igual, yo aquí echo un esclavo para que los señoritos tiren la leche!, ¡¿eso es lo que me ayudáis?!)
Como ya dije en el post Educar con el ejemplo, no deberemos sorprendernos después si con estas actitudes nuestras, ellos intentan resolver sus conflictos usando la violencia.
Si eres de este “club” lo mismo no te ha pasado nunca esta situación y, probablemente, nunca te pase. Lo cual no quiere decir que sea bueno. Puede que para que esto nunca te pase tus hijos, con 8 años, sigan tomando su leche en vaso de plástico
De esta manera nunca llegarás tarde a ningún sitio. Pero estarás “condenando” a tus hijos a que lleguen tarde siempre a la hora de hacerles independientes, autosuficientes, autónomos y que, además, los incapacites para todos los días de su vida.
Decía María Montessor: “Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo”. Muy al hilo de esto podemos insistir en el flaco favor que le hacenmos a nuestros hijos haciéndoles los deberes. Ya hablé de esto en el post La vuelta la cole. Podéis repasarlo pinchando aquí.
En esta ocasión, con calma, le pides que recoja el vaso ya que fue él quien lo derramó. Incluso si se corta, le pones una tirita, y le invitas a que continúe recogiéndolo. Si se hace tarde también puedes proponerle que cuando llegue del cole lo primero que debe hacer es recogerlo. Le ofreces otra cosa para desayunar, puesto que se ha terminado la poca leche que quedaba y, manteniendo la calma, lo llevas al cole y lo despides con un beso. Al día siguiente, le pides que sea él quien sirva la leche y lo felicitas por hacerlo de forma adecuada.
Qué cruel pensareis algunos, ¿verdad? Permitir que nuestros hijos asuman las consecuencias naturales de sus actos es todo un proceso de vida que le permite volverse responsable, autónomo y seguro de sí mismo.
Claro que es mucho más rápido darle un pescozón o servírselo en vaso de plástico, pero la vida no es una carrera de velocidad sino una carrera de fondo. No gana quien llega antes sino quien llega “mejor”. El tiempo lo recompensará de sobra.
No quiero con este post decir que soy un padre ejemplar. Nada más lejos de la realidad. Sólo quiero invitar a que reflexionemos.
¿Y tú? ¿en qué grupo te encuadras?
Han sido estos días unos días muy duros. La madre de un gran amigo nos dejaba repentinamente, sin previo aviso, sin dar la oportunidad de que toda la gente que la queríamos la pudiésemos despedir.
Esto ha hecho que en las últimas horas piense mucho en los abuelos. También me ha hecho ver cómo, ante las adversidades, se crecen los padres en su capacidad de ser padres.
Los abuelos son esa pieza del puzzle familiar tan necesaria para “malcriar” a nuestros hijos.
Ellos se permiten hacer esa “malcrianza” porque sus experiencias les han dotado de una óptica mucho más objetiva para afrontar los problemas. Esa óptica les sirve para relativizar los problemas, Aportan esa visión tan necesaria para demostrar que a Roma se puede llegar por muchos caminos y que no debemos obsesionarnos por cruzar el río por un único puente, existen otros pasos alternativos tan válidos como ese en el que nosotros nos empeñábamos.
Esto les dota de una ternura tan especial que hace que todos nuestros hijos estén desando quedarse con ellos.
Los abuelos son conciliadores, cariñosos, entrañables, consejeros, amigos,… en fin, son BUENOS.
Pero ¿qué pasa cuando les perdemos?
Pues aparte del inevitable dolor del no poder disfrutar físicamente de ellos comenzamos a descubrirlos dentro de nosotros mismos.
Esa es la magia de los abuelos: nunca se van del todo, SIEMPRE ESTÁN CON NOSOTROS.
Una parte muy importante de ellos nos impregna. Sus enseñanzas son tan directas que nos enseñan a ser padres sólo con su presencia.
Nos encontramos, de pronto, defendiendo un modelo de educación y un estilo de vida que hasta entonces habíamos criticado. Sí, son ellos, que continúan enseñándonos SIEMPRE, porque en la crianza de nuestros hijos son tan necesarias las rutinas como la “malcrianza” de los abuelos.
Quien ha perdido un ser querido sólo pierde su presencia física, TODO LO DEMÁS QUEDA PARA SIEMPRE. Las personas buenas nunca se van del todo.
Gracias, abuelos, por todas vuestras enseñanzas.
Amigo, un abrazo muy fuerte.
– “¡¡Felicidades papá!! Mira lo que te he traído. Lo he hecho yo solito, para ti. ¿Has visto qué bien coloreado está? No me he salido nada de la rayita”.
– “¡¡Muchas gracias, hijo!! La verdad es que lo has coloreado fenomenal. Es muy bonito. Me encanta”.
Y uno se queda pensando cómo un trozo de papel puede llegar a hacerle tanta ilusión.
Es ahí donde descubre la magia del amor desinteresado.
¡¡Te quiero porque te quiero, y punto, y te querré siempre!!
La inocencia de un niño es mágica. El amor es infinito.
Cuando uno es padre empieza a intuir cuánto lo han querido. Aprovecho hoy, por tanto, para darte las gracias. ¡¡Te quiero, papá!!
Pero estos días de celebraciones siempre tienen una parte triste.
¡Qué duro es no tener a un padre al lado! ¡Qué figura tan importante falta en el puzzle familiar!
Es también ahí donde algunas mujeres se hacen inmensas, intentando abarcar la falta de la pieza del puzzle y la suya propia.
Qué duro es pensar que muchos pequeños éxitos de los hijos provocan un vacío enorme por la falta de papá.
¡Cuanto me hubiese gustado, papá, que escucharas sus primeras palabritas!
¡Cuánto me hubiese gustado, papá, que vieras cómo da sus primeros pasitos!
¡Cuánto me hubiese gustado, papá, que lo vieras con su mochila en su primer día de cole!
¡Cuanto me hubiese gustado, papá, que vieras cómo celebra los goles con sus amigos (mirando al cielo y señalándote)!
¡Cuánto me hubiese gustado, papá, que vieras cómo quiere a su pareja!¡Cuánto amor recibido y cuánto amor entregado!
¡Cuánto me hubiese gustado, papá, que vieras cómo quiere a sus hijos, como tú lo querías, infinito, desinteresado,…!
¡Cuánto me hubiese gustado, papá, haberte dicho más veces lo mucho que te quiero!
Felicidades papá.