Con la llegada del calorcito comienzan a florecer muchas de las flores en los campos y jardines. Ciertamente es un espectáculo de la naturaleza. Pero casi al mismo ritmo empiezan a “florecer” en las salas de espera de los pediatras los niños nuevamente con mocos.
Es cierto que los pediatras estamos muy acostumbrados a lidiar con niños mocosos. De hecho, como ya dije en el post de los lavados nasales (lo podéis repasar pinchando aquí) “aceptamos moco como animal de compañía”.
Pero es cierto que en esta época del año conviene distinguir bien entre los síntomas de los catarros y de las alergias. Conviene aclarar que alergia hay durante todo el año pero se intensifica en primavera por la mayor carga en el ambiente de alérgenos (pólenes, gramíneas,…).
Es interesante diferenciar si se trata de un catarro o de alergia porque el tratamiento es totalmente distinto.
Para el caso de los catarros, además de una buena hidratación la medida estrella son los lavados nasales (podéis repasar la técnica aquí) mientras que el tratamiento de las alergias consiste, en la mayoría de las ocasiones, en un antihistamínico.
Si quieres saber si el “culpable” de tus mocos es la alergia o un catarro basta con responder a estas sencillas preguntas:
- ¿El moco es acuoso o espeso?
El moqueo en la alergia a es un goteo continuo de moco acuoso, transparente, como agua mientras que la mucosidad en los catarros puede comenzar siendo transparente pero en pocas horas se irá espesando y siendo cada vez más amarillenta o incluso verdosa.
El estornudo es otro de los síntomas típicamente alérgico, sobre todo si se produce en golpes de más de cinco estornudos seguidos. Es cierto que en un catarro puede haber estornudos pero es mucho más típico que haya tos.
- ¿Te pica la nariz o los ojos?
Igual que en la pregunta anterior también puede existir cierta piquiña en la nariz o en la garganta en los catarros pero si te pican mucho la nariz y los ojos lo más seguro es que se trate de una alergia.
En el caso de los catarros, por la congestión de la mucosa de la nariz, podemos tener cierto lagrimeo, pero en el caso de las alergias el lagrimeo es constante acompañado del picor de los ojos. Conviene distinguir estas conjuntivitis alérgicas de otra causa infecciosa como ya vimos en le post que puedes ver pinchando aquí.
En el caso de las alergias nunca existe fiebre mientras que en los catarros, aunque no es un síntoma “obligatorio” puede estar presente en muchas ocasiones.
- ¿Los síntomas han aparecido bruscamente o poco a poco?
En el caso de los catarros los síntomas suelen comenzar de una manera más insidiosa, el paciente se empieza a sentir mal poco a poco, mientras que en las alergia el comienzo es muy brusco; cuando estás tan tranquilo empiezas con el achissssss, achisssss, achissss, … y ya no puedes parar.
- ¿Cuánto tiempo llevas con los síntomas?
En las alergias uno se encuentra mal durante unos minutos u horas, pero suele mejorar rápido mientras que el catarro suele durar 4-5 días.
Insisto que la importancia de diferenciar un proceso del otro es sobre todo por el tratamiento: en el caso de las alergias la mayoría de las veces con un antihistamínico estarán cubiertos todos los síntomas. En el caso de que predominen además mucho picor ocular o lagrimeo se puede asociar un colirio antihistamínico. Si lo que predomina es el picor nasal y el goteo continuo de moco acuoso puede asociarse un spray nasal de corticoides.
Comparte esta información si piensas que puede ayudar a distinguir las alergias de los catarros.
Educar a un niño puede ser apasionante, emocionante, agotador,… y así hasta mil calificativos más pero, desde luego, nadie dijo que fuese fácil.
Está muy de moda en cualquier foro que haga referencia a la educación de los niños hablar de la resiliencia.
“¿Cómo?, ¿Resi-qué?”
No me gusta dar definiciones exactas, y menos si hablamos de psicología, porque ahí si que nos podemos perder todos.
La resiliencia, para entendernos, es la capacidad que tiene una persona (en este caso, un niño) para sobreponerse a una situación adversa y sacar, incluso, una enseñanza.
Para estas cosas más vale poner ejemplos sencillos y reales.
Hace unos días leía cómo podemos reaccionar ante una situación tan cotidiana y banal puede ser la siguiente:
Un día cualquiera, que llevas mucha prisa, como siempre, en el desayuno, antes de ir al cole. Sirves la leche, de la que, por cierto, ya queda muy poca; tu hijo por descuido tira el vaso, el cual se rompe y se derrama toda la leche.
Nos ha pasado a todos, ¿verdad?
Bueno, pues esta situación tan cotidiana la podemos enfrentar, al menos, de tres maneras diferentes:
Rompes en cólera (“¡pero cómo serás tan tonto, hijo!, ¡mira que eres inútil!, ¡y vosotros (a los hermanos, que por cierto miran la escena atónitos), tener también cuidado que si no también vais a cobrar!, ¡siempre igual, yo aquí echo un esclavo para que los señoritos tiren la leche!, ¡¿eso es lo que me ayudáis?!)
Como ya dije en el post Educar con el ejemplo, no deberemos sorprendernos después si con estas actitudes nuestras, ellos intentan resolver sus conflictos usando la violencia.
Si eres de este “club” lo mismo no te ha pasado nunca esta situación y, probablemente, nunca te pase. Lo cual no quiere decir que sea bueno. Puede que para que esto nunca te pase tus hijos, con 8 años, sigan tomando su leche en vaso de plástico
De esta manera nunca llegarás tarde a ningún sitio. Pero estarás “condenando” a tus hijos a que lleguen tarde siempre a la hora de hacerles independientes, autosuficientes, autónomos y que, además, los incapacites para todos los días de su vida.
Decía María Montessor: “Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo”. Muy al hilo de esto podemos insistir en el flaco favor que le hacenmos a nuestros hijos haciéndoles los deberes. Ya hablé de esto en el post La vuelta la cole. Podéis repasarlo pinchando aquí.
En esta ocasión, con calma, le pides que recoja el vaso ya que fue él quien lo derramó. Incluso si se corta, le pones una tirita, y le invitas a que continúe recogiéndolo. Si se hace tarde también puedes proponerle que cuando llegue del cole lo primero que debe hacer es recogerlo. Le ofreces otra cosa para desayunar, puesto que se ha terminado la poca leche que quedaba y, manteniendo la calma, lo llevas al cole y lo despides con un beso. Al día siguiente, le pides que sea él quien sirva la leche y lo felicitas por hacerlo de forma adecuada.
Qué cruel pensareis algunos, ¿verdad? Permitir que nuestros hijos asuman las consecuencias naturales de sus actos es todo un proceso de vida que le permite volverse responsable, autónomo y seguro de sí mismo.
Claro que es mucho más rápido darle un pescozón o servírselo en vaso de plástico, pero la vida no es una carrera de velocidad sino una carrera de fondo. No gana quien llega antes sino quien llega “mejor”. El tiempo lo recompensará de sobra.
No quiero con este post decir que soy un padre ejemplar. Nada más lejos de la realidad. Sólo quiero invitar a que reflexionemos.
¿Y tú? ¿en qué grupo te encuadras?
Han sido estos días unos días muy duros. La madre de un gran amigo nos dejaba repentinamente, sin previo aviso, sin dar la oportunidad de que toda la gente que la queríamos la pudiésemos despedir.
Esto ha hecho que en las últimas horas piense mucho en los abuelos. También me ha hecho ver cómo, ante las adversidades, se crecen los padres en su capacidad de ser padres.
Los abuelos son esa pieza del puzzle familiar tan necesaria para “malcriar” a nuestros hijos.
Ellos se permiten hacer esa “malcrianza” porque sus experiencias les han dotado de una óptica mucho más objetiva para afrontar los problemas. Esa óptica les sirve para relativizar los problemas, Aportan esa visión tan necesaria para demostrar que a Roma se puede llegar por muchos caminos y que no debemos obsesionarnos por cruzar el río por un único puente, existen otros pasos alternativos tan válidos como ese en el que nosotros nos empeñábamos.
Esto les dota de una ternura tan especial que hace que todos nuestros hijos estén desando quedarse con ellos.
Los abuelos son conciliadores, cariñosos, entrañables, consejeros, amigos,… en fin, son BUENOS.
Pero ¿qué pasa cuando les perdemos?
Pues aparte del inevitable dolor del no poder disfrutar físicamente de ellos comenzamos a descubrirlos dentro de nosotros mismos.
Esa es la magia de los abuelos: nunca se van del todo, SIEMPRE ESTÁN CON NOSOTROS.
Una parte muy importante de ellos nos impregna. Sus enseñanzas son tan directas que nos enseñan a ser padres sólo con su presencia.
Nos encontramos, de pronto, defendiendo un modelo de educación y un estilo de vida que hasta entonces habíamos criticado. Sí, son ellos, que continúan enseñándonos SIEMPRE, porque en la crianza de nuestros hijos son tan necesarias las rutinas como la “malcrianza” de los abuelos.
Quien ha perdido un ser querido sólo pierde su presencia física, TODO LO DEMÁS QUEDA PARA SIEMPRE. Las personas buenas nunca se van del todo.
Gracias, abuelos, por todas vuestras enseñanzas.
Amigo, un abrazo muy fuerte.
– “¡¡Felicidades papá!! Mira lo que te he traído. Lo he hecho yo solito, para ti. ¿Has visto qué bien coloreado está? No me he salido nada de la rayita”.
– “¡¡Muchas gracias, hijo!! La verdad es que lo has coloreado fenomenal. Es muy bonito. Me encanta”.
Y uno se queda pensando cómo un trozo de papel puede llegar a hacerle tanta ilusión.
Es ahí donde descubre la magia del amor desinteresado.
¡¡Te quiero porque te quiero, y punto, y te querré siempre!!
La inocencia de un niño es mágica. El amor es infinito.
Cuando uno es padre empieza a intuir cuánto lo han querido. Aprovecho hoy, por tanto, para darte las gracias. ¡¡Te quiero, papá!!
Pero estos días de celebraciones siempre tienen una parte triste.
¡Qué duro es no tener a un padre al lado! ¡Qué figura tan importante falta en el puzzle familiar!
Es también ahí donde algunas mujeres se hacen inmensas, intentando abarcar la falta de la pieza del puzzle y la suya propia.
Qué duro es pensar que muchos pequeños éxitos de los hijos provocan un vacío enorme por la falta de papá.
¡Cuanto me hubiese gustado, papá, que escucharas sus primeras palabritas!
¡Cuánto me hubiese gustado, papá, que vieras cómo da sus primeros pasitos!
¡Cuánto me hubiese gustado, papá, que lo vieras con su mochila en su primer día de cole!
¡Cuanto me hubiese gustado, papá, que vieras cómo celebra los goles con sus amigos (mirando al cielo y señalándote)!
¡Cuánto me hubiese gustado, papá, que vieras cómo quiere a su pareja!¡Cuánto amor recibido y cuánto amor entregado!
¡Cuánto me hubiese gustado, papá, que vieras cómo quiere a sus hijos, como tú lo querías, infinito, desinteresado,…!
¡Cuánto me hubiese gustado, papá, haberte dicho más veces lo mucho que te quiero!
Felicidades papá.
Me duele mucho cuando veo a algunas madres, que después de luchar estoicamente por conseguir establecer una lactancia confortable, y les pregunto:
“¿Qué pasa?, ¿Qué tal?, ahora ya sí disfrutando del pecho, ¿verdad?”
Y esa madre, con la cabeza baja, y con dos lagrimones en sus ojos a punto de caer por sus demacradas mejillas:
“No, Le quitado el pecho porque me han mandado antibióticos, y me dijo el médico que se lo quitase. ¡Qué rabia, con lo que me había costado evadirme de todos los comentarios de mi suegra, mi vecina, …! ¡Qué rabia, ahora que ya no tenía grietas en los pezones y que había logrado, por fin, disfrutar de la lactancia…! ¡Qué pena! Me da mucha pena pero todo sea por el bien de mi gordito!”
Yo con cara de sorpresa:
“¡Ah!, ¿sí? ¿Se lo has tenido que quitar?, ¿qué antibiótico tan especial te han mandado para no poder dar el pecho?”
“Estoy tomando amoxicilina”. Responden como si estuviesen delante de un tribunal acusador.
En este punto tengo que decir que detecto en algunas madres una sensación extraña. Por un lado un sentimiento de culpabilidad por haber quitado el pecho a su bebé cuando empiezan a intuir que no era necesario y, por otro lado, el deseo de que otro profesional vuelva a “autorizar” la lactancia.
Pero lo malo es que, también en este punto, muchas madres ya han tomado la firme decisión de dejar el pecho.
No quiero ni mucho menos hacer sentir culpables a las madres que no dan el pecho. No, no es mi intención. Ninguna mujer es más madre que otra por dar el pecho. Son muchos los motivos y circunstancias que pueden hacer muy complicada la lactancia materna y hacer que fracase. Mi pena es que el motivo del fracaso de la lactancia materna sea un mal asesoramiento, o un “consejo” de un profesional. Ya os conté en uno de los últimos post cuánto pueden pesar algunos malos consejos. Lo podéis leer pinchando aquí.
Tengo que decir que muy pocos son los medicamentos que no son compatibles con la lactancia. Desde luego los de uso habitual (paracetemol, ibuprofeno, amoxicilina, omeprazol, prednisolona,…) son todos compatibles con la lactancia ya que o no se excretan por la leche o lo hacen en mínimas cantidades y , por supuesto, los beneficios de la lactancia materna compensan de sobra.
Existen muchos falsos mitos respecto a la lactancia materna (pinchando aquí podéis ver los diez más frecuentes). Que la lactancia materna es incompatible con la toma de medicamentos es uno de ellos. Pero actualmente existen herramientas de uso muy fácil para ver la compatibilidad de un determinado medicamento con la lactancia. Una página web de total fiabilidad y de uso muy fácil es www.e-lactancia.org. En esta web podéis consultar, tanto por nombre comercial como por principio activo, en menos de treinta segundos la compatibilidad de cualquier medicamento con la lactancia.
Comparte esta información con otras madres y contribuirás a que muchas madres no abandonen la lactancia materna por un mal asesoramiento.
Los días previos a la administración de una vacuna suelen generar mucha angustia entre las familias. “¿Le dolerá mucho?”, “¿tendrá reacción?”,…
Existen muchos falsos mitos respecto a la vacunación.
Aclararé las preguntas que con más frecuencia me hacéis en la consulta.
1.- ¿Es conveniente que vacune a mi hijo?
Esta es una de las preguntas con una respuesta más fácil y que puedo afirmar con mayor rotundidad. ¡¡SÍ, CLARO QUE SÍ!!
Es de aceptación universal que, salvo la potabilización del agua, ninguna otra medida, ni siquiera los antibióticos, ha contribuido a disminuir la morbilidad y la mortalidad en la especie humana como las vacunaciones.
Aprovecho para recordar la importancia del lavado de manos. Podéis repasarlo pinchando aquí.
2.- ¿Puedo vacunar a mi hijo si está enfermo?
Como siempre os digo en la consulta lo ideal es vacunar a los niños en condiciones óptimas de salud.
Pero realmente si se padece una infección aguda leve (catarro de vías altas, gastroenteritis) con febrícula (temperatura menor de 38ºC) sí se puede vacunar. Ni se reduce la eficacia de la vacuna ni se aumentan los efectos secundarios.
En el caso de infecciones moderadas o fiebre mayor de 38ªC, para evitar los efectos adversos y para evitar confundir estos y los síntomas de la enfermedad, conviene retrasar la vacunación hasta la recuperación.
3.- ¿Puedo vacunar a mi hijo si está tomando antibióticos?
El tratamiento antibiótico no contraindica la vacunación, es decir, un niño se puede puede vacunar aunque esté tomando antibióticos.
4.- ¿Y si está tomando corticoides?
A las dosis habituales y tiempo habitual que utilizamos en las patologías frecuentes (bronquitis, laringitis,…) los corticoides no contraindican la vacunación.
Para dosis mayores y/o más de dos semanas de tratamiento con corticoides es mejor posponer la vacunación hasta un mes después de finalizar el tratamiento.
Podéis repasar otras dudas de los corticoides pinchando sobre este enlace: ¿Son tan malos los corticoides?
5.- Tengo entendido que la vacuna Triple vírica y la vacuna de la gripe “contienen” huevo y mi hijo es alérgico al huevo. ¿Se la puedo poner?
Efectivamente, tanto para la vacuna triple vírica como para la vacuna anti gripal hay que tener en cuenta la tolerancia al huevo. Si el niño es alérgico al huevo hay que distinguir el tipo de reacción que tuvo al tomarlo:
– Si tuvo una reacción alérgica al huevo pero sin anafilaxia: se puede vacunar tanto de la gripe como de la triple vírica.
– Si tuvo una reacción anafiláctica al huevo: la vacuna triple vírica se la puede poner en la consulta de vacunas habitual con las precauciones habituales. La vacuna antigripal no se la debe poner, salvo que sea ABSOLUTAMENTE necesario, en cuyo caso se tomarían precauciones especiales.
6.- ¿Le debo dar a mi hijo paracetamol antes de vacunarlo?
En general, conviene evitar la administración preventiva de paracetamol y/o ibuprofeno antes y después de la vacunación ya que no se ha demostrado que evite la fiebre y, además, puede provocar cierta interferencia con la respuesta que la vacuna debe inducir en el sistema inmune.
Para el caso específico y reciente de la vacuna para el meningococo B (Bexero), sobre todo si se coadmistra con otras vacunas, sí es recomendable la administración profiláctica de paracetamol.
7.- ¿Hay alguna manera de aliviar el dolor en la vacunación, sin medicación?
Las técnicas más utilizadas para aliviar el dolor que puede suponer la punción de la vacuna son:
-
Contacto piel con piel o abrazados. El contacto piel con piel, con la madre habitualmente, en posición madre-canguro ha demostrado su eficacia para el alivio del dolor en los procedimientos dolorosos.
-
Líquidos dulces. La toma por la boca de líquidos dulces es una práctica habitual para aliviar el dolor de los recién nacidos sometidos a procedimientos dolorosos.
-
Sumando ambas técnicas podemos utilizar la “tetanalgesia”: aprovechar el efecto analgésico y de alivio que supone el amamantamiento antes, durante y después de las inyecciones vacunales. Es un sistema cómodo y eficaz, que aprovecha la suma de la succión, la ingestión de una sustancia dulce (la leche humana lo es), la distracción y el abrazo materno.
8.- ¿Le puedo poner varias vacunas a la vez?
Sí, claro. De hecho existen muchas vacunas que los médicos llamamos combinadas. Eso significa que la misma vacuna contiene diferentes antígenos, para crear inmunidad para varias enfermedades. Con un solo pinchazo se están poniendo varias vacunas, es decir, son varias en una.
Como regla general, diferentes vacunas pueden administrarse simultáneamente en la misma visita sin que se afecte el efecto que producen sobre el sistema inmune ni que aumente la reactogenicidad de cada una.
Existe una excepción: las vacunas de virus atenuados parenterales (varicela y triple vírica). Estas vacunas, si no se administran en la misma visita, precisan un intervalo mínimo de cuatro semanas entre ellas para evitar interferencias.
9.- La vacuna de los 2 meses, como en ese momento mi bebe estaba enfermo, se la puse a los 3 meses. ¿Que hago ahora para la vacuna de los 4 meses, se la puedo poner o espero a los 5 meses?
El intervalo mínimo entre dosis de la misma vacuna en el primer año es de cuatro semanas.
Si por “logística” fuese necesario adelantar la dosis, se considera válido un adelanto no superior a cuatro días.
10.- ¿Si la primera dosis de la vacuna de la varicela se la puso de Varivax se le puede poner la segunda de Varilrix?
Se han realizado estudios analizando los niveles de anticuerpos generados por la vacunación de una vacuna con dosis de diferentes fabricantes. En la mayoría de los casos se encontró que la respuesta del sistema inmune era comparable a cuando se ponían las dosis de un mismo fabricante.
Los casos prácticos más frecuentemente referente a este supuesto son:
-
Vacuna antineumocócica. Los niños vacunados con Prevenar pudieron continuar la vacunación con Synflorix y con Prevenar-13.
-
Vacunación frente a varicela: los niños vacunados con Varivax se pueden poner la segunda dosis con Varilrix, y viceversa.
Si consideras útil esta información, compártela.
Es de sobra conocido que el abuso de cualquiera de las dos sustancias es perjudicial para la salud.
El consumo “excesivo” de sal se ha relacionado con muchas enfermedades pero básicamente con enfermedades cardiovasculares.
El consumo “excesivo” de azúcar se ha relacionado con muchas enfermedades como la caries, la diabetes y la obesidad. Conviene considerar la obesidad como una enfermedad para evitar todas sus consecuencias, puesto que será la epidemia que sufriremos los pediatras en los próximos años.
El colmo ha sido cuando esta mañana revisando el tema he encontrado un estudio en una de las revistas más prestigiosas de pediatría donde se constata que los niños que toman más alimentos salados tienden a consumir más bebidas azucaradas para calmar la sed, lo que aumenta el riesgo de obesidad infantil. Y no es un estudio aislado sino que hay otros estudios que encuentran datos similares. Los autores de los estudios observaron que cuanta más sal tomaban, mayor era su tendencia a beber bebidas azucaradas (zumos, refrescos, …) para calmar la sed. Estos autores consideran que si la cantidad de sal que toman los niños se redujese a la mitad (unos 3 gramos diarios menos), dichos niños tomarían una media de 2-3 bebidas azucaradas menos a la semana.
En otros post de este blog ya he hablado de errores muy frecuentes en la alimentación infantil. Podéis repasarlos pinchando aquí.
Sólo quiero hacer una reflexión:
Me encuentro a diario en la consulta familias superconcienciadas con la vacunación, que “sufre” si la vacuna se retrasa una semana de su fecha prevista. Sin embargo no tenemos ninguna conciencia del “veneno” que puede suponer la ingesta excesiva de sal o azúcar en la salud de nuestros niños.
Al principio del post entrecomillaba la palabra excesivo porque creo que ahí reside el problema. Lo que antes se consideraba una barbaridad hoy nos parece “lo normal”.
Hace un par de generaciones, los abuelos de hoy día, tomar un caramelo o un dulce era algo absolutamente excepcional. Para nosotros, la generación que nos toca ahora ser padres, se comían chuches los domingos. Sin embargo, hoy día, muchos niños consumen chuches (dulces y saladas) a diario.
Os pondré en situación. A ver si os suena:
- “Mami, hoy como es lunes y toca lácteos, yo quiero natillas”.
- “Papi, hoy es martes y toca bocata. Llevaré un bocata de pan bimbo con nocilla. Por cierto, quiero también un zumo que luego tengo sed en el recreo”.
- “Hoy es miércoles, como toca fruta y no quiero pelarla, llevaré un tetrabrick de fruta triturada”.
- “María, como hoy toca dulces caseros, te he echado en la mochila el bizcocho con mucho chocolate que hicimos ayer. ¡Ah, también te he echado un zumo para el recreo!”.
- “Julia, hoy es viernes, puedes llevar lo que quieras. Como te has portado muy bien durante la semana te he echado dos huevos kinder”.
Y esto es intentando cumplir el horario del cole… Ya de las meriendas y las cenas ni hablamos. Son alimentos de uso diario bollería, pizzas, zumos envasados, refrescos, … Y encima hay que sumarle el sedentarismo de nuestros niños.
Comparte este post si piensas que debemos fomentar el ejercicio físico en nuestros hijos y disminuir la ingesta de sal y azúcar.
Los dientes son motivo de preocupación para muchas familias.
Ya he escrito varios post en este blog relacionados con dudas sobre los dientes. Podéis repasarlos clicando sobre ellos:
Hoy voy a a explicar otra de las preocupaciones que me planteáis con frecuencia en la consulta:
“Doctor, con lo contentos que estábamos porque Lucía tenía los dientes muy blancos y sin ninguna caries, ahora le están saliendo las paletas muy amarillas. Y por más que se los lava siguen muy amarillentas”.
Si alguna vez te has planteado esto y eres de los que no lees los post hasta el final te diré que es totalmente normal, no debes preocuparte. Esto no significa, por supuesto, que no deba seguir lavándose los dientes.
Si eres de los que te gustá saber el porqué de las cosas aquí va la explicación:
Los dientes, tanto los de leche como los definitivos, están formados por tres capas, que de fuera a dentro son: esmalte, dentina y pulpa. La diferente composición de cada una de estas capas y el groso de las mismas es lo que dan el color definitivo al diente
Los dientes de leche se caracterizan por tener una capa más fina de esmalte y de dentina. Esto, junto con alguna diferencias en la mineralización del esmalte, hace que el esmalte de los dientes de leche sea “más radiante” que el de los definitivos.
En torno a los 6 años comienzan a caerse los dientes de leche y a erupcionar los definitivos. Por tanto con esa edad “conviven” en la encía los dientes de leche (muy blancos) y los definitivos. Esto hace que tengamos la sensación de que los dientes definitivos son muy amarillos. Una vez completada la erupción de los dientes, puesto que ya todos los dientes son “amarillos” ya no tendremos esa sensación.
Esto no quiere decir, insisto, que no haya que lavarse los dientes.
Todo lo contrario, es fundamental insistirles a los niños en el hábito de la higiene dental y reducir el consumo de chuches para evitar las caries.
Si te ha gustado, comparte este post.
“Doctor, desde que he dado a luz se me olvidan mucho más las cosas. Voy a la cocina a por algo y cuando llego ya no sé a por qué iba. La cuestión es que ya me lo notaba desde el embarazo”. Esta es una cuestión que me habéis planteado muchas de vosotras en las consultas.
Hasta ahora mi respuesta era del tipo:
“Mujer, relájate, eso debe ser que estás descansando menos. Desde que nació tu criatura descansas peor y eso hace que no estés tan lúcida”.
Pero hoy, tras volvérmelo a preguntar una madre he hecho una búsqueda y he encontrado que esta situación de pérdida de memoria inmediata en circunstancias de embarazo o primeros meses tras el parto se llama momnesia.
Aunque es cierto que la “pérdida de horas de sueño” durante el embarazo y los primeros meses de la crianza puede influir sobre la capacidad de concentración y atención de las madres, además es debida a la influencia que algunas hormonas que aumentan durante el embarazo (estradiol, prolactina, progesterona, cortisol y oxitocina) tienen sobre la atención y la memoria.
Parece que en esa circunstancia vital las hormonas no sólo tienen influencia para preparar físicamente el cuerpo de la mujer para “alojar” a su bebé sino que además estas hormonas hacen que las madres se preparen psicológicamente para centrar su atención al completo en el cuidado y la protección de su bebé.
¡¡Qué curiosa es la naturaleza!!
¡¡Una explicación hormonal del “instinto de protección”!!
No tenía ni idea de esto. Es algo que no se estudia durante la carrera de medicina.
Lo que voy a aprender con este blog gracias a vuestras preguntas….
¿ Te ha parecido curiosa esta información? Pues compártela.
Hoy, último día de febrero, como cada año desde hace ya nueve años se celebra el Día Mundial de las Enfermedades Raras,.
No quiero pasar el día desde Cuidar mi Bebé, sin hacer una llamada de atención a la sociedad en general y a los políticos que corresponda en particular para tomar conciencia y brindar TODA LA AYUDA NECESARIA A ESTAS FAMILIAS.
Tal y como describe la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER), las enfermedades raras se caracterizan por ser su mayor parte crónicas y degenerativas, el 65% son graves e invalidantes, dos de cada tres aparecen antes de los dos años y, además, una de cada cinco personas afectas padecen dolor crónico.
El adjetivo “raras” me parece que tiene una carga despectiva no despreciable. Sería preferible llamarlas “poco frecuentes” o, mejor aún “poco conocidas”.
Y precisamente este “poco conocidas” es el inicio de un calvario que tienen que soportar muchas familias, peregrinando de ciudad en ciudad, de médico en médico, de especialista en especialista,… todo por buscar un diagnóstico que muchas veces es muy difícil de establecer.
Si hay algo peor que tu hijo padezca una enfermedad crónica… esto es, precisamente, NO SABER QUÉ ENFERMEDAD PADECE TU HIJO.
¿¡¡Cómo pueden unos padres conciliar el sueño sabiendo que su hijo está enfermo y sin saber qué enfermedad tiene!!?
Si es duro tener un mal pronóstico más duro es NO TENER UN DIAGNÓSTICO.
Salvando las distancias es tan desesperante como los familiares que tienen a algunos de sus seres queridos desaparecido, sin saber si está vivo o muerto,… ¿¡cómo van a parar de buscar!? Encontrar a esa persona es fundamental para cerrar página y asumir esa situación, sea cual fuere el desenlace.
Similar debe ser para estas familias la búsqueda desesperada de un diagnóstico. Aunque ese diagnóstico abra la puerta a otra incertidumbre: “y ahora, ¿qué puedo hacer para ayudar a mi hijo”.
Afortunadamente, y gracias a iniciativas como la de celebrar el Día Mundial de las Enfermedades Raras, surgen cada vez iniciativas y asociaciones de enfermos que SON FUNDAMENTALES PARA LA ORIENTACIÓN Y EL APOYO A ESTOS ENFERMOS Y SUS FAMILIAS.
Comparte este post para intentar llegar al mayor número de personas posible y hacer que nuestra sociedad tome conciencia de estos enfermos.
Os dejo el vídeo del Día Mundial de las Enfermedades Raras.
Minientrada archivos – Página 18 de 19 – CuidarMiBebe
Con la llegada del calorcito comienzan a florecer muchas de las flores en los campos y jardines. Ciertamente es un espectáculo de la naturaleza. Pero casi al mismo ritmo empiezan a “florecer” en las salas de espera de los pediatras los niños nuevamente con mocos.
Es cierto que los pediatras estamos muy acostumbrados a lidiar con niños mocosos. De hecho, como ya dije en el post de los lavados nasales (lo podéis repasar pinchando aquí) “aceptamos moco como animal de compañía”.
Pero es cierto que en esta época del año conviene distinguir bien entre los síntomas de los catarros y de las alergias. Conviene aclarar que alergia hay durante todo el año pero se intensifica en primavera por la mayor carga en el ambiente de alérgenos (pólenes, gramíneas,…).
Es interesante diferenciar si se trata de un catarro o de alergia porque el tratamiento es totalmente distinto.
Para el caso de los catarros, además de una buena hidratación la medida estrella son los lavados nasales (podéis repasar la técnica aquí) mientras que el tratamiento de las alergias consiste, en la mayoría de las ocasiones, en un antihistamínico.
Si quieres saber si el “culpable” de tus mocos es la alergia o un catarro basta con responder a estas sencillas preguntas:
El moqueo en la alergia a es un goteo continuo de moco acuoso, transparente, como agua mientras que la mucosidad en los catarros puede comenzar siendo transparente pero en pocas horas se irá espesando y siendo cada vez más amarillenta o incluso verdosa.
El estornudo es otro de los síntomas típicamente alérgico, sobre todo si se produce en golpes de más de cinco estornudos seguidos. Es cierto que en un catarro puede haber estornudos pero es mucho más típico que haya tos.
Igual que en la pregunta anterior también puede existir cierta piquiña en la nariz o en la garganta en los catarros pero si te pican mucho la nariz y los ojos lo más seguro es que se trate de una alergia.
En el caso de los catarros, por la congestión de la mucosa de la nariz, podemos tener cierto lagrimeo, pero en el caso de las alergias el lagrimeo es constante acompañado del picor de los ojos. Conviene distinguir estas conjuntivitis alérgicas de otra causa infecciosa como ya vimos en le post que puedes ver pinchando aquí.
En el caso de las alergias nunca existe fiebre mientras que en los catarros, aunque no es un síntoma “obligatorio” puede estar presente en muchas ocasiones.
En el caso de los catarros los síntomas suelen comenzar de una manera más insidiosa, el paciente se empieza a sentir mal poco a poco, mientras que en las alergia el comienzo es muy brusco; cuando estás tan tranquilo empiezas con el achissssss, achisssss, achissss, … y ya no puedes parar.
En las alergias uno se encuentra mal durante unos minutos u horas, pero suele mejorar rápido mientras que el catarro suele durar 4-5 días.
Insisto que la importancia de diferenciar un proceso del otro es sobre todo por el tratamiento: en el caso de las alergias la mayoría de las veces con un antihistamínico estarán cubiertos todos los síntomas. En el caso de que predominen además mucho picor ocular o lagrimeo se puede asociar un colirio antihistamínico. Si lo que predomina es el picor nasal y el goteo continuo de moco acuoso puede asociarse un spray nasal de corticoides.
Comparte esta información si piensas que puede ayudar a distinguir las alergias de los catarros.
Educar a un niño puede ser apasionante, emocionante, agotador,… y así hasta mil calificativos más pero, desde luego, nadie dijo que fuese fácil.
Está muy de moda en cualquier foro que haga referencia a la educación de los niños hablar de la resiliencia.
“¿Cómo?, ¿Resi-qué?”
No me gusta dar definiciones exactas, y menos si hablamos de psicología, porque ahí si que nos podemos perder todos.
La resiliencia, para entendernos, es la capacidad que tiene una persona (en este caso, un niño) para sobreponerse a una situación adversa y sacar, incluso, una enseñanza.
Para estas cosas más vale poner ejemplos sencillos y reales.
Hace unos días leía cómo podemos reaccionar ante una situación tan cotidiana y banal puede ser la siguiente:
Un día cualquiera, que llevas mucha prisa, como siempre, en el desayuno, antes de ir al cole. Sirves la leche, de la que, por cierto, ya queda muy poca; tu hijo por descuido tira el vaso, el cual se rompe y se derrama toda la leche.
Nos ha pasado a todos, ¿verdad?
Bueno, pues esta situación tan cotidiana la podemos enfrentar, al menos, de tres maneras diferentes:
Rompes en cólera (“¡pero cómo serás tan tonto, hijo!, ¡mira que eres inútil!, ¡y vosotros (a los hermanos, que por cierto miran la escena atónitos), tener también cuidado que si no también vais a cobrar!, ¡siempre igual, yo aquí echo un esclavo para que los señoritos tiren la leche!, ¡¿eso es lo que me ayudáis?!)
Como ya dije en el post Educar con el ejemplo, no deberemos sorprendernos después si con estas actitudes nuestras, ellos intentan resolver sus conflictos usando la violencia.
Si eres de este “club” lo mismo no te ha pasado nunca esta situación y, probablemente, nunca te pase. Lo cual no quiere decir que sea bueno. Puede que para que esto nunca te pase tus hijos, con 8 años, sigan tomando su leche en vaso de plástico
De esta manera nunca llegarás tarde a ningún sitio. Pero estarás “condenando” a tus hijos a que lleguen tarde siempre a la hora de hacerles independientes, autosuficientes, autónomos y que, además, los incapacites para todos los días de su vida.
Decía María Montessor: “Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo”. Muy al hilo de esto podemos insistir en el flaco favor que le hacenmos a nuestros hijos haciéndoles los deberes. Ya hablé de esto en el post La vuelta la cole. Podéis repasarlo pinchando aquí.
En esta ocasión, con calma, le pides que recoja el vaso ya que fue él quien lo derramó. Incluso si se corta, le pones una tirita, y le invitas a que continúe recogiéndolo. Si se hace tarde también puedes proponerle que cuando llegue del cole lo primero que debe hacer es recogerlo. Le ofreces otra cosa para desayunar, puesto que se ha terminado la poca leche que quedaba y, manteniendo la calma, lo llevas al cole y lo despides con un beso. Al día siguiente, le pides que sea él quien sirva la leche y lo felicitas por hacerlo de forma adecuada.
Qué cruel pensareis algunos, ¿verdad? Permitir que nuestros hijos asuman las consecuencias naturales de sus actos es todo un proceso de vida que le permite volverse responsable, autónomo y seguro de sí mismo.
Claro que es mucho más rápido darle un pescozón o servírselo en vaso de plástico, pero la vida no es una carrera de velocidad sino una carrera de fondo. No gana quien llega antes sino quien llega “mejor”. El tiempo lo recompensará de sobra.
No quiero con este post decir que soy un padre ejemplar. Nada más lejos de la realidad. Sólo quiero invitar a que reflexionemos.
¿Y tú? ¿en qué grupo te encuadras?
Han sido estos días unos días muy duros. La madre de un gran amigo nos dejaba repentinamente, sin previo aviso, sin dar la oportunidad de que toda la gente que la queríamos la pudiésemos despedir.
Esto ha hecho que en las últimas horas piense mucho en los abuelos. También me ha hecho ver cómo, ante las adversidades, se crecen los padres en su capacidad de ser padres.
Los abuelos son esa pieza del puzzle familiar tan necesaria para “malcriar” a nuestros hijos.
Ellos se permiten hacer esa “malcrianza” porque sus experiencias les han dotado de una óptica mucho más objetiva para afrontar los problemas. Esa óptica les sirve para relativizar los problemas, Aportan esa visión tan necesaria para demostrar que a Roma se puede llegar por muchos caminos y que no debemos obsesionarnos por cruzar el río por un único puente, existen otros pasos alternativos tan válidos como ese en el que nosotros nos empeñábamos.
Esto les dota de una ternura tan especial que hace que todos nuestros hijos estén desando quedarse con ellos.
Los abuelos son conciliadores, cariñosos, entrañables, consejeros, amigos,… en fin, son BUENOS.
Pero ¿qué pasa cuando les perdemos?
Pues aparte del inevitable dolor del no poder disfrutar físicamente de ellos comenzamos a descubrirlos dentro de nosotros mismos.
Esa es la magia de los abuelos: nunca se van del todo, SIEMPRE ESTÁN CON NOSOTROS.
Una parte muy importante de ellos nos impregna. Sus enseñanzas son tan directas que nos enseñan a ser padres sólo con su presencia.
Nos encontramos, de pronto, defendiendo un modelo de educación y un estilo de vida que hasta entonces habíamos criticado. Sí, son ellos, que continúan enseñándonos SIEMPRE, porque en la crianza de nuestros hijos son tan necesarias las rutinas como la “malcrianza” de los abuelos.
Quien ha perdido un ser querido sólo pierde su presencia física, TODO LO DEMÁS QUEDA PARA SIEMPRE. Las personas buenas nunca se van del todo.
Gracias, abuelos, por todas vuestras enseñanzas.
Amigo, un abrazo muy fuerte.
– “¡¡Felicidades papá!! Mira lo que te he traído. Lo he hecho yo solito, para ti. ¿Has visto qué bien coloreado está? No me he salido nada de la rayita”.
– “¡¡Muchas gracias, hijo!! La verdad es que lo has coloreado fenomenal. Es muy bonito. Me encanta”.
Y uno se queda pensando cómo un trozo de papel puede llegar a hacerle tanta ilusión.
Es ahí donde descubre la magia del amor desinteresado.
¡¡Te quiero porque te quiero, y punto, y te querré siempre!!
La inocencia de un niño es mágica. El amor es infinito.
Cuando uno es padre empieza a intuir cuánto lo han querido. Aprovecho hoy, por tanto, para darte las gracias. ¡¡Te quiero, papá!!
Pero estos días de celebraciones siempre tienen una parte triste.
¡Qué duro es no tener a un padre al lado! ¡Qué figura tan importante falta en el puzzle familiar!
Es también ahí donde algunas mujeres se hacen inmensas, intentando abarcar la falta de la pieza del puzzle y la suya propia.
Qué duro es pensar que muchos pequeños éxitos de los hijos provocan un vacío enorme por la falta de papá.
¡Cuanto me hubiese gustado, papá, que escucharas sus primeras palabritas!
¡Cuánto me hubiese gustado, papá, que vieras cómo da sus primeros pasitos!
¡Cuánto me hubiese gustado, papá, que lo vieras con su mochila en su primer día de cole!
¡Cuanto me hubiese gustado, papá, que vieras cómo celebra los goles con sus amigos (mirando al cielo y señalándote)!
¡Cuánto me hubiese gustado, papá, que vieras cómo quiere a su pareja!¡Cuánto amor recibido y cuánto amor entregado!
¡Cuánto me hubiese gustado, papá, que vieras cómo quiere a sus hijos, como tú lo querías, infinito, desinteresado,…!
¡Cuánto me hubiese gustado, papá, haberte dicho más veces lo mucho que te quiero!
Felicidades papá.
Me duele mucho cuando veo a algunas madres, que después de luchar estoicamente por conseguir establecer una lactancia confortable, y les pregunto:
“¿Qué pasa?, ¿Qué tal?, ahora ya sí disfrutando del pecho, ¿verdad?”
Y esa madre, con la cabeza baja, y con dos lagrimones en sus ojos a punto de caer por sus demacradas mejillas:
“No, Le quitado el pecho porque me han mandado antibióticos, y me dijo el médico que se lo quitase. ¡Qué rabia, con lo que me había costado evadirme de todos los comentarios de mi suegra, mi vecina, …! ¡Qué rabia, ahora que ya no tenía grietas en los pezones y que había logrado, por fin, disfrutar de la lactancia…! ¡Qué pena! Me da mucha pena pero todo sea por el bien de mi gordito!”
Yo con cara de sorpresa:
“¡Ah!, ¿sí? ¿Se lo has tenido que quitar?, ¿qué antibiótico tan especial te han mandado para no poder dar el pecho?”
“Estoy tomando amoxicilina”. Responden como si estuviesen delante de un tribunal acusador.
En este punto tengo que decir que detecto en algunas madres una sensación extraña. Por un lado un sentimiento de culpabilidad por haber quitado el pecho a su bebé cuando empiezan a intuir que no era necesario y, por otro lado, el deseo de que otro profesional vuelva a “autorizar” la lactancia.
Pero lo malo es que, también en este punto, muchas madres ya han tomado la firme decisión de dejar el pecho.
No quiero ni mucho menos hacer sentir culpables a las madres que no dan el pecho. No, no es mi intención. Ninguna mujer es más madre que otra por dar el pecho. Son muchos los motivos y circunstancias que pueden hacer muy complicada la lactancia materna y hacer que fracase. Mi pena es que el motivo del fracaso de la lactancia materna sea un mal asesoramiento, o un “consejo” de un profesional. Ya os conté en uno de los últimos post cuánto pueden pesar algunos malos consejos. Lo podéis leer pinchando aquí.
Tengo que decir que muy pocos son los medicamentos que no son compatibles con la lactancia. Desde luego los de uso habitual (paracetemol, ibuprofeno, amoxicilina, omeprazol, prednisolona,…) son todos compatibles con la lactancia ya que o no se excretan por la leche o lo hacen en mínimas cantidades y , por supuesto, los beneficios de la lactancia materna compensan de sobra.
Existen muchos falsos mitos respecto a la lactancia materna (pinchando aquí podéis ver los diez más frecuentes). Que la lactancia materna es incompatible con la toma de medicamentos es uno de ellos. Pero actualmente existen herramientas de uso muy fácil para ver la compatibilidad de un determinado medicamento con la lactancia. Una página web de total fiabilidad y de uso muy fácil es www.e-lactancia.org. En esta web podéis consultar, tanto por nombre comercial como por principio activo, en menos de treinta segundos la compatibilidad de cualquier medicamento con la lactancia.
Comparte esta información con otras madres y contribuirás a que muchas madres no abandonen la lactancia materna por un mal asesoramiento.
Los días previos a la administración de una vacuna suelen generar mucha angustia entre las familias. “¿Le dolerá mucho?”, “¿tendrá reacción?”,…
Existen muchos falsos mitos respecto a la vacunación.
Aclararé las preguntas que con más frecuencia me hacéis en la consulta.
1.- ¿Es conveniente que vacune a mi hijo?
Esta es una de las preguntas con una respuesta más fácil y que puedo afirmar con mayor rotundidad. ¡¡SÍ, CLARO QUE SÍ!!
Es de aceptación universal que, salvo la potabilización del agua, ninguna otra medida, ni siquiera los antibióticos, ha contribuido a disminuir la morbilidad y la mortalidad en la especie humana como las vacunaciones.
Aprovecho para recordar la importancia del lavado de manos. Podéis repasarlo pinchando aquí.
2.- ¿Puedo vacunar a mi hijo si está enfermo?
Como siempre os digo en la consulta lo ideal es vacunar a los niños en condiciones óptimas de salud.
Pero realmente si se padece una infección aguda leve (catarro de vías altas, gastroenteritis) con febrícula (temperatura menor de 38ºC) sí se puede vacunar. Ni se reduce la eficacia de la vacuna ni se aumentan los efectos secundarios.
En el caso de infecciones moderadas o fiebre mayor de 38ªC, para evitar los efectos adversos y para evitar confundir estos y los síntomas de la enfermedad, conviene retrasar la vacunación hasta la recuperación.
3.- ¿Puedo vacunar a mi hijo si está tomando antibióticos?
El tratamiento antibiótico no contraindica la vacunación, es decir, un niño se puede puede vacunar aunque esté tomando antibióticos.
4.- ¿Y si está tomando corticoides?
A las dosis habituales y tiempo habitual que utilizamos en las patologías frecuentes (bronquitis, laringitis,…) los corticoides no contraindican la vacunación.
Para dosis mayores y/o más de dos semanas de tratamiento con corticoides es mejor posponer la vacunación hasta un mes después de finalizar el tratamiento.
Podéis repasar otras dudas de los corticoides pinchando sobre este enlace: ¿Son tan malos los corticoides?
5.- Tengo entendido que la vacuna Triple vírica y la vacuna de la gripe “contienen” huevo y mi hijo es alérgico al huevo. ¿Se la puedo poner?
Efectivamente, tanto para la vacuna triple vírica como para la vacuna anti gripal hay que tener en cuenta la tolerancia al huevo. Si el niño es alérgico al huevo hay que distinguir el tipo de reacción que tuvo al tomarlo:
– Si tuvo una reacción alérgica al huevo pero sin anafilaxia: se puede vacunar tanto de la gripe como de la triple vírica.
– Si tuvo una reacción anafiláctica al huevo: la vacuna triple vírica se la puede poner en la consulta de vacunas habitual con las precauciones habituales. La vacuna antigripal no se la debe poner, salvo que sea ABSOLUTAMENTE necesario, en cuyo caso se tomarían precauciones especiales.
6.- ¿Le debo dar a mi hijo paracetamol antes de vacunarlo?
En general, conviene evitar la administración preventiva de paracetamol y/o ibuprofeno antes y después de la vacunación ya que no se ha demostrado que evite la fiebre y, además, puede provocar cierta interferencia con la respuesta que la vacuna debe inducir en el sistema inmune.
Para el caso específico y reciente de la vacuna para el meningococo B (Bexero), sobre todo si se coadmistra con otras vacunas, sí es recomendable la administración profiláctica de paracetamol.
7.- ¿Hay alguna manera de aliviar el dolor en la vacunación, sin medicación?
Las técnicas más utilizadas para aliviar el dolor que puede suponer la punción de la vacuna son:
Contacto piel con piel o abrazados. El contacto piel con piel, con la madre habitualmente, en posición madre-canguro ha demostrado su eficacia para el alivio del dolor en los procedimientos dolorosos.
Líquidos dulces. La toma por la boca de líquidos dulces es una práctica habitual para aliviar el dolor de los recién nacidos sometidos a procedimientos dolorosos.
Sumando ambas técnicas podemos utilizar la “tetanalgesia”: aprovechar el efecto analgésico y de alivio que supone el amamantamiento antes, durante y después de las inyecciones vacunales. Es un sistema cómodo y eficaz, que aprovecha la suma de la succión, la ingestión de una sustancia dulce (la leche humana lo es), la distracción y el abrazo materno.
8.- ¿Le puedo poner varias vacunas a la vez?
Sí, claro. De hecho existen muchas vacunas que los médicos llamamos combinadas. Eso significa que la misma vacuna contiene diferentes antígenos, para crear inmunidad para varias enfermedades. Con un solo pinchazo se están poniendo varias vacunas, es decir, son varias en una.
Como regla general, diferentes vacunas pueden administrarse simultáneamente en la misma visita sin que se afecte el efecto que producen sobre el sistema inmune ni que aumente la reactogenicidad de cada una.
Existe una excepción: las vacunas de virus atenuados parenterales (varicela y triple vírica). Estas vacunas, si no se administran en la misma visita, precisan un intervalo mínimo de cuatro semanas entre ellas para evitar interferencias.
9.- La vacuna de los 2 meses, como en ese momento mi bebe estaba enfermo, se la puse a los 3 meses. ¿Que hago ahora para la vacuna de los 4 meses, se la puedo poner o espero a los 5 meses?
El intervalo mínimo entre dosis de la misma vacuna en el primer año es de cuatro semanas.
Si por “logística” fuese necesario adelantar la dosis, se considera válido un adelanto no superior a cuatro días.
10.- ¿Si la primera dosis de la vacuna de la varicela se la puso de Varivax se le puede poner la segunda de Varilrix?
Se han realizado estudios analizando los niveles de anticuerpos generados por la vacunación de una vacuna con dosis de diferentes fabricantes. En la mayoría de los casos se encontró que la respuesta del sistema inmune era comparable a cuando se ponían las dosis de un mismo fabricante.
Los casos prácticos más frecuentemente referente a este supuesto son:
Vacuna antineumocócica. Los niños vacunados con Prevenar pudieron continuar la vacunación con Synflorix y con Prevenar-13.
Vacunación frente a varicela: los niños vacunados con Varivax se pueden poner la segunda dosis con Varilrix, y viceversa.
Si consideras útil esta información, compártela.
Es de sobra conocido que el abuso de cualquiera de las dos sustancias es perjudicial para la salud.
El consumo “excesivo” de sal se ha relacionado con muchas enfermedades pero básicamente con enfermedades cardiovasculares.
El consumo “excesivo” de azúcar se ha relacionado con muchas enfermedades como la caries, la diabetes y la obesidad. Conviene considerar la obesidad como una enfermedad para evitar todas sus consecuencias, puesto que será la epidemia que sufriremos los pediatras en los próximos años.
El colmo ha sido cuando esta mañana revisando el tema he encontrado un estudio en una de las revistas más prestigiosas de pediatría donde se constata que los niños que toman más alimentos salados tienden a consumir más bebidas azucaradas para calmar la sed, lo que aumenta el riesgo de obesidad infantil. Y no es un estudio aislado sino que hay otros estudios que encuentran datos similares. Los autores de los estudios observaron que cuanta más sal tomaban, mayor era su tendencia a beber bebidas azucaradas (zumos, refrescos, …) para calmar la sed. Estos autores consideran que si la cantidad de sal que toman los niños se redujese a la mitad (unos 3 gramos diarios menos), dichos niños tomarían una media de 2-3 bebidas azucaradas menos a la semana.
En otros post de este blog ya he hablado de errores muy frecuentes en la alimentación infantil. Podéis repasarlos pinchando aquí.
Sólo quiero hacer una reflexión:
Me encuentro a diario en la consulta familias superconcienciadas con la vacunación, que “sufre” si la vacuna se retrasa una semana de su fecha prevista. Sin embargo no tenemos ninguna conciencia del “veneno” que puede suponer la ingesta excesiva de sal o azúcar en la salud de nuestros niños.
Al principio del post entrecomillaba la palabra excesivo porque creo que ahí reside el problema. Lo que antes se consideraba una barbaridad hoy nos parece “lo normal”.
Hace un par de generaciones, los abuelos de hoy día, tomar un caramelo o un dulce era algo absolutamente excepcional. Para nosotros, la generación que nos toca ahora ser padres, se comían chuches los domingos. Sin embargo, hoy día, muchos niños consumen chuches (dulces y saladas) a diario.
Os pondré en situación. A ver si os suena:
Y esto es intentando cumplir el horario del cole… Ya de las meriendas y las cenas ni hablamos. Son alimentos de uso diario bollería, pizzas, zumos envasados, refrescos, … Y encima hay que sumarle el sedentarismo de nuestros niños.
Comparte este post si piensas que debemos fomentar el ejercicio físico en nuestros hijos y disminuir la ingesta de sal y azúcar.
Los dientes son motivo de preocupación para muchas familias.
Ya he escrito varios post en este blog relacionados con dudas sobre los dientes. Podéis repasarlos clicando sobre ellos:
Hoy voy a a explicar otra de las preocupaciones que me planteáis con frecuencia en la consulta:
“Doctor, con lo contentos que estábamos porque Lucía tenía los dientes muy blancos y sin ninguna caries, ahora le están saliendo las paletas muy amarillas. Y por más que se los lava siguen muy amarillentas”.
Si alguna vez te has planteado esto y eres de los que no lees los post hasta el final te diré que es totalmente normal, no debes preocuparte. Esto no significa, por supuesto, que no deba seguir lavándose los dientes.
Si eres de los que te gustá saber el porqué de las cosas aquí va la explicación:
Los dientes, tanto los de leche como los definitivos, están formados por tres capas, que de fuera a dentro son: esmalte, dentina y pulpa. La diferente composición de cada una de estas capas y el groso de las mismas es lo que dan el color definitivo al diente
Los dientes de leche se caracterizan por tener una capa más fina de esmalte y de dentina. Esto, junto con alguna diferencias en la mineralización del esmalte, hace que el esmalte de los dientes de leche sea “más radiante” que el de los definitivos.
En torno a los 6 años comienzan a caerse los dientes de leche y a erupcionar los definitivos. Por tanto con esa edad “conviven” en la encía los dientes de leche (muy blancos) y los definitivos. Esto hace que tengamos la sensación de que los dientes definitivos son muy amarillos. Una vez completada la erupción de los dientes, puesto que ya todos los dientes son “amarillos” ya no tendremos esa sensación.
Esto no quiere decir, insisto, que no haya que lavarse los dientes.
Todo lo contrario, es fundamental insistirles a los niños en el hábito de la higiene dental y reducir el consumo de chuches para evitar las caries.
Si te ha gustado, comparte este post.
“Doctor, desde que he dado a luz se me olvidan mucho más las cosas. Voy a la cocina a por algo y cuando llego ya no sé a por qué iba. La cuestión es que ya me lo notaba desde el embarazo”. Esta es una cuestión que me habéis planteado muchas de vosotras en las consultas.
Hasta ahora mi respuesta era del tipo:
“Mujer, relájate, eso debe ser que estás descansando menos. Desde que nació tu criatura descansas peor y eso hace que no estés tan lúcida”.
Pero hoy, tras volvérmelo a preguntar una madre he hecho una búsqueda y he encontrado que esta situación de pérdida de memoria inmediata en circunstancias de embarazo o primeros meses tras el parto se llama momnesia.
Aunque es cierto que la “pérdida de horas de sueño” durante el embarazo y los primeros meses de la crianza puede influir sobre la capacidad de concentración y atención de las madres, además es debida a la influencia que algunas hormonas que aumentan durante el embarazo (estradiol, prolactina, progesterona, cortisol y oxitocina) tienen sobre la atención y la memoria.
Parece que en esa circunstancia vital las hormonas no sólo tienen influencia para preparar físicamente el cuerpo de la mujer para “alojar” a su bebé sino que además estas hormonas hacen que las madres se preparen psicológicamente para centrar su atención al completo en el cuidado y la protección de su bebé.
¡¡Qué curiosa es la naturaleza!!
¡¡Una explicación hormonal del “instinto de protección”!!
No tenía ni idea de esto. Es algo que no se estudia durante la carrera de medicina.
Lo que voy a aprender con este blog gracias a vuestras preguntas….
¿ Te ha parecido curiosa esta información? Pues compártela.
Hoy, último día de febrero, como cada año desde hace ya nueve años se celebra el Día Mundial de las Enfermedades Raras,.
No quiero pasar el día desde Cuidar mi Bebé, sin hacer una llamada de atención a la sociedad en general y a los políticos que corresponda en particular para tomar conciencia y brindar TODA LA AYUDA NECESARIA A ESTAS FAMILIAS.
Tal y como describe la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER), las enfermedades raras se caracterizan por ser su mayor parte crónicas y degenerativas, el 65% son graves e invalidantes, dos de cada tres aparecen antes de los dos años y, además, una de cada cinco personas afectas padecen dolor crónico.
El adjetivo “raras” me parece que tiene una carga despectiva no despreciable. Sería preferible llamarlas “poco frecuentes” o, mejor aún “poco conocidas”.
Y precisamente este “poco conocidas” es el inicio de un calvario que tienen que soportar muchas familias, peregrinando de ciudad en ciudad, de médico en médico, de especialista en especialista,… todo por buscar un diagnóstico que muchas veces es muy difícil de establecer.
Si hay algo peor que tu hijo padezca una enfermedad crónica… esto es, precisamente, NO SABER QUÉ ENFERMEDAD PADECE TU HIJO.
¿¡¡Cómo pueden unos padres conciliar el sueño sabiendo que su hijo está enfermo y sin saber qué enfermedad tiene!!?
Si es duro tener un mal pronóstico más duro es NO TENER UN DIAGNÓSTICO.
Salvando las distancias es tan desesperante como los familiares que tienen a algunos de sus seres queridos desaparecido, sin saber si está vivo o muerto,… ¿¡cómo van a parar de buscar!? Encontrar a esa persona es fundamental para cerrar página y asumir esa situación, sea cual fuere el desenlace.
Similar debe ser para estas familias la búsqueda desesperada de un diagnóstico. Aunque ese diagnóstico abra la puerta a otra incertidumbre: “y ahora, ¿qué puedo hacer para ayudar a mi hijo”.
Afortunadamente, y gracias a iniciativas como la de celebrar el Día Mundial de las Enfermedades Raras, surgen cada vez iniciativas y asociaciones de enfermos que SON FUNDAMENTALES PARA LA ORIENTACIÓN Y EL APOYO A ESTOS ENFERMOS Y SUS FAMILIAS.
Comparte este post para intentar llegar al mayor número de personas posible y hacer que nuestra sociedad tome conciencia de estos enfermos.
Os dejo el vídeo del Día Mundial de las Enfermedades Raras.