Todavía recuerdo aquella guardia en las consultas de urgencias, cuando yo era residente (estaba empezando la especialidad de pediatría).

Yo, con toda mi inocencia: “¡Uy, mira que casualidad, se le ha quedado una pelusilla en el centro de la frente!”

Y la abuela con mirada y gesto casi matador: “¡¡¡Noooo, nooo!!! Por favor no se la retire que es para que se le quite el hipo.”

Era la primera vez que lo veía. Desde entonces han sido ya muchos los bebés que me he encontrado con una pelusilla en la frente y ya nunca más he intentado quitársela. Prefiero que “la abuela” piense que con su mágica pelusilla ayuda a su nieto a no tener hipo. Eso sí, si me preguntan lees explico todo lo referente al hipo de los bebés.

¿Qué es el hipo?

Es la contracción brusca y rítmica del diafragma (músculo que separa el tórax del abdomen).

Esta contracción muscular provoca que aspiremos aire bruscamente, mientras se cierran las cuerdas vocales, lo que puede provocar un sonido característico (“hip, hip, …”).

¿Por qué se produce?

La contracción del diafragma no la controlamos, es involuntaria, como la de otros muchos músculos del cuerpo (por ejemplo los movimientos del intestino).

El sistema nervioso de los recién nacido es “más inmaduro” por lo que estos actos involuntarios son más frecuentes, por lo que a esa edad es más frecuente.

Un ejemplo de esto en la edad adulta es que unas copas de más hacen que “perdamos la coordinación”, y por tanto, es más frecuente que una buena borrachera se acompañe de hipo.

¿Que otras circunstancias hacen que se provoque el hipo?

Es más frecuente que el diafragma se “irrite” si lo estimulan los órganos cercanos, como el estómago. Por eso, al llenarse rápidamente el estómago tras las tomas, es más frecuente que aparezca el hipo.

Bueno, entonces, ¿funciona lo de la pelusita en la frente o no?

El hipo tiende a agotarse solo, hagamos lo que hagamos. Por ese motivo funciona lo de la pelusita. Pero por esa misma regla de tres, la pelusita también se la podría poner la abuela o el perro de la vecina, y el hipo acabaría desapareciendo.

Por lo que he dicho antes de que el diafragma se “irrita” al llenarse el estómago, lo que sí podemos intentar para evitar el hipo es:

  • que el bebé eche los gases (“flatito”) tras las tomas.

  • que el bebé no trague mucho aire durante la toma o que haga la toma un poco más lentamente.

¿Cuándo desaparece el hipo?

Realmente NUNCA, el hipo se mantiene a lo largo de toda la vida. Es más, en determinadas edades, un hipo muy muy persistente hay que mirarlo.

Pero en los bebés, que es de lo que hablamos en esta página, es muy frecuente en los primeros meses y poco a poco tiende a desaparecer, siendo bastante más infrecuente a partir de los 6 meses.

Comparte esta información con otras familias para evitar la angustia por el hipo de sus bebés.

También sería interesante que expusieses el método que usaste con tu bebé.

Hay determinados alimentos que “están de moda”.
Quizás la leche es el más llamativo: tiene muchos fans y también muchos detractores.
Como en todo en la vida, en el término medio está la virtud.
Aclararé ciertos conceptos. Hoy hablaré de la intolerancia a la lactosa.

¿Qué es la lactosa?
La lactosa es el “azúcar” de la leche.  Para ser digerida y absorbida es necesaria una enzima llamada lactasa, que está en las células que tapizan el intestino delgado.

¿Qué es la intolerancia a la lactosa?
Cuando la lactasa falta total o parcialmente, la lactosa no se digiere ni absorbe en el intestino delgado por lo que llega hasta el intestino grueso (colon) donde las bacterias hacen que fermente. Esto hace que se produzca gran cantidad de gas que dará lugar a los síntomas que diré más adelante.
Normalmente, en los primeros meses de la vida, el intestino tiene una gran cantidad de lactasa, pero a partir de los 2-3 años de edad esta enzima va desapareciendo poco a poco. Algunos niños no tienen síntomas hasta varios años más tarde, en la adolescencia o incluso en la edad adulta.
Es muy raro el déficit primario de lactasa (intolerancia congénita a la lactosa), es decir, que un bebé nazca sin esta enzima y, por tanto, no sea capaz de digerir la leche “normal”. Pero sí es más habitual, que de forma transitoria, por “un daño” en el intestino, por ejemplo tras una gastroenteritis, esta enzima falte (total o parcialmente) y se produzca lo que los médicos llamamos intolerancia secundaria  a la lactosa.

¿Cómo se manifiesta?
La mayoría de los intolerantes a la lactosa lo son sólo parcialmente, es decir, conservan cierta cantidad de lactasa y, por tanto, cierta capacidad de digerir y absorber la lactosa. Sólo cuando sobrepasan esa capacidad al tomar más leche, aparecen los síntomas.
Los síntomas más típicos son:
– dolor abdominal
– gases y distensión abdominal
– diarrea, que suele explosiva (por la fermentación) y ácida. Esto hace que la defecación sea desagradable por el escozor y, en los más pequeños, la piel de la zona del pañal se irrite.

¿Es una enfermedad grave?
No. En general es leve y las molestias desaparecen al dejar de tomar leche o utilizar lactasa.

¿Cómo se diagnostica?
La mayoría de las veces, y siendo práctico, puede ser suficiente con probar si los síntomas desaparecen al suprimir la leche de la dieta durante varias semanas. Se pueden hacer otras pruebas para confirmarlo:

–  Test de hidrógeno espirado: el aire que se expulsa de los pulmones después de haber tomado leche contiene más hidrógeno si se es intolerante a la lactosa.

Sustancias reductoras en heces: comprobar que en las heces hay más sustancias ácidas.