Varias familias habéis acudido esta semana a mi consulta preocupadas porque vuestros bebés habían consumido leche Sanutri, Damira o Puleva.

Aclaremos el tema:

¿Por qué han retirado varios lotes de las leches Sanutri, Damira y Puleva?

El grupo empresarial Lactalis Nutrición Iberia ha decidido retirar del mercado español, como medida de PRECAUCIÓN, varios lotes de sus fórmulas de leche en polvo para lactantes debido a que principios del mes de diciembre de este año se detectó en Francia un brote de una veintena de casos de Salmonellosis en bebés menores de seis meses en relación al consumo de leche en polvo de las marcas que fabrica este grupo empresarial (Damira, Sanutri y Puleva Bebé).

¿Por qué se ha producido la contaminación de esta leche?

Según la información proporcionada por las Autoridades Sanitarias francesas y los resultados de las investigaciones llevadas a cabo por la compañía desde hace una semana han permitido identificar una posible causa de contaminación en una de las torres de secado de leche de esta fábrica en el período comprendido entre el 1 de mayo y el 6 de mayo de 2017.

Este hallazgo ha llevado a la compañía a realizar una nueva retirada preventiva más amplia que se extiende a todos los productos fabricados en esta torre de secado desde el 15 de febrero de 2017.

Como medida adicional de precaución, la compañía ha decidido realizar una parada técnica de la fábrica para acometer un proceso de limpieza y desinfección en profundidad.

¿Debemos preocuparnos en España?

Según ha informado la compañía en un comunicado, en España Lactalis Nutrición Iberia no ha tenido comunicación sobre ningún caso asociado a estos lotes y todos los análisis realizados hasta ahora a los productos comercializados siempre han sido negativos. Literalmente dice: «La compañía toma esta decisión como medida de precaución al estar fabricados en la misma línea de producción que los lotes de las marcas francesas afectadas».

Añaden, además: «Es igualmente importante destacar que el consumo de los lotes no incluidos en la retirada y del resto de productos de las marcas Sanutri, Damira y Puleva es totalmente seguro, incluyendo todos los productos de leche líquida de la marca Puleva Peques, que se producen en fábricas de la compañía en España»

¿Cómo saber si mi hijo ha consumido leche contaminada?

La salmonelosis es un cuadro clínico caracterizado por fiebre y diarrea unas horas después de la ingestión del producto contaminado, por lo que si tu bebé no presenta estos síntomas, aunque haya tomado leche de uno de estos lotes, debes estar TRANQUILO.

¿Cómo puedo saber si la leche que consume mi hijo pertenece a uno de estos lotes supuestamente afectados?

Revisando el código que figura en la base del envase y, comprobar si coincide con los lotes supuestamente afectados que son:

¿Qué debo hacer si he comprado uno de estos botes pertenecientes estos lotes?

Acude al punto de venta en el que lo adquiriste para gestionar la devolución.

También puedes consultar, pinchando aquí, la página web oficial de Sanutri donde se explica con mayor detalle.

Existe también un número de información a disposición de los consumidores para resolver cualquier duda 900 102 336 (horario de atención 8:30 a 20:00)

Resumiendo:

  • Si tu hijo no ha consumido ninguno de estos lotes: no tienes que hacer nada, TRANQUILO.
  • SI tu hijo ha consumido uno de estos lotes pero no tiene síntomas: TRANQUILO, gestiona la devolución y consume un producto alternativo.
  • SI tu hijo ha consumido uno de estos lotes y tiene síntomas de salmonelosis (fiebre y diarrea): acude a tu pediatra.

¡Qué curiosa es la vida! ¡Qué casualidades!

Ha sido esta una semana emocionalmente muy intensa para mi. Además del nacimiento de una guapísima sobrina (prometo post), el pasado lunes mi padre se intervenía de una cirugía vamos a decir con cierto riesgo, para no ponernos del todo dramáticos.

Aunque los quirófanos, las anestesias y el “olor” a hospital es algo que forma parte de mi rutina diaria, he de decir que cuando te toca tan de cerca la cosa cambia.

Afortunadamente cambia.

Afortunadamente para mis pacientes. Si con cada paciente tuviese una implicación sentimental máxima perdería continuamente la objetividad, y esto no sería bueno para ellos. Esto no quiere decir que no intente en cada situación ser todo lo empático que puedo.

Y afortunadamente para mí. ¡Somos los que sentimos! Pobre de aquella persona que no se deja nunca llevar por sus sentimientos. Muchas cosas no se pueden razonar, se sienten y punto. Ríe o llora, pero no te frenes, no te arrugues. ¡Siente!

Bueno, a lo que iba. Es inevitable sentir ciertos miedos cuando un ser muy querido, en este caso mi padre, se encuentra en una situación de riesgo. Y es ahí donde uno se da cuenta cómo en el caso de un desenlace fatal se sentiría muy mal no sólo por la pérdida sino por no haber dicho “¡cuánto te quiero!” a esa persona.

A partir de este momento, pensé, no pienso callarme ni una oportunidad de decirlo cada vez que pueda, o cada vez que me apetezca. Pero no sólo a mi padre sino a todas las personas que me rodean (hijos, hermanos, sobrinos, cuñados, compañeros de trabajo, vecinos,…)

Pienso que, en general, no expresamos todo lo que sentimos. Vivimos arrugados.

Casualidades de la vida (y de ahí que me haya decidido a escribir este post), ayer por la mañana recibía por whatsapp un mensaje de admiración, agradecimiento, o como lo queráis llamar de la madre dos de mis pacientes. Curiosamente esta madre había escrito una entrada en su blog (podéis leerla pinchando aquí) tratando este tema, decir cuánto apreciamos a muchos seres queridos y nos lo callamos, y había decido ponerlo en práctica.

Pienso que es un ejercicio que iniciarlo puede costar un poco de trabajo, desgraciadamente, por lo poco acostumbrados que estamos a agradecer, a valorar las virtudes de los demás. Pero es absolutamente reconfortante para uno mismo decirle a los demás cuánto les valoras, cuánto les admiras, cuan importante fue aquel gesto en aquel momento, cuan agradecido estas por aquellas palabras en aquella situación,…

Es también muy reconfortante para uno cuando recibe esos halagos. No necesariamente tienen que ser piropos o cosas extraordinarias. A veces es muy importante que te cuenten la verdad. Si hay algo que te molestó de alguien también es bueno decirlo. Es la mejor manera, probablemente, de saber por qué lo hizo. Fácil, hablando se entiende la gente.

¡Estamos tan poco acostumbrados a dar las gracias…!

Te invito a que lo hagas ahora. Sí, ahora. ¡¡¡YA!!!

Las cosas importante no deben esperar.

Díselo como quieras. Envíale ahora mismo un whastaap, escríbeselo en facebook, llamaló por teléfono, déjale una nota en el frigo, escríbele “¡te quiero!” en la servilleta de un bar si estas allí ahora, déjale una nota en el espejo del cuarto de baño,… ¡Hazlo como quieras, pero hazlo!

Ponlo en práctica. Te vas a sorprender. Descubrirás lo bien que sienta ser agradecido.

Además estos gestos suelen tener mucha reciprocidad. Vas a comenzar a recibir gestos o mensajes de agradecimiento y amor.

¡¡Empieza ya!!

“¡Doctor, estoy supercontenta; Ahora sí que estoy tranquila porque, por fin, Martín ya me coge el pecho estupendamente!”

“¡Doctor, estoy superféliz porque ya, por fín, Laurita no quiere el pecho!”

“¡Doctor, estamos muy preocupados porque Darío toma siempre de postre yogur!”

“¡Doctor, dígaselo usted! ¿Verdad que Alba debe tomarse al menos un yogur después de comer?”

“¡Doctor, no sabe cómo disfrutamos de tener a Pablo en la cama con nosotros!”

“¡Doctor, qué desesperación! María sólo duerme en la cama con nosotros, ¿qué podemos hacer?”.

“¡Doctor, Alba ya tiene 6 meses, ¿Podemos empezar a darle comida sólida?

“¡Doctor, ¿entonces Juan ya puede comer sólido? Pero si sólo tiene 18 meses”

“¿Doctor, no le puede mandar a Álvaro un jarabe para las ganas de comer? Tiene 2 años y peso sólo 12 kilos!”

“¡Doctor, a este niño habrá que frenarle un poco con la comida, ¿verdad? Es que tiene 2 años y pesa ya 11 kilos!”

Podría poner cientos de ejemplos más.

¿Qué divertido es pasar consulta?

No paro de aprender con cada madre, con cada padre, con cada familia.

¡Cuántas maternidades, todas diferentes!

¡Cuántas familias, cada una distinta!

¡Cuántas paternidades, en nada se parecen!

¡Cuántas modelos de crianza, ninguno igual!

¡Bendita diversidad!

Pero entenderéis que así no puede existir un manual de instrucciones para la crianza, ¿verdad?

Mi vida es tan normal como la de cualquier otro padre. Mis problemas cotidianos son como los vuestros: actividades extraescolares, conciliación laboral cero patatero, hipoteca, discusiones de pareja, …

Precisamente esa “normalidad” hace que mi vida, como la vuestra, sea extraordinaria.

Hay circunstancias en mi vida que me hacen valorar mucho esa sencillez, esa normalidad, esa rutina.

¡Nos empeñamos en ofrecerles a nuestros hijos situaciones extraordinarias (cumpleaños extraordinarios, viajes extraordinarios,…) pero lo que más recordarán cuando sean mayores serán los momentos cotidianos, la sencillez del día a día!

Acompañarles al colegio o recogerles a la salida, un cuento antes de dormir, tirarte al suelo cuando llegas a casa para jugar con ellos,… son situaciones que nos agotan y de las que nos quejamos pero son las que ellos más recordarán de mayores.

También nosotros recordaremos y echaremos de menos esos momentos cotidianos. Pero en el día a día, con el estrés de vida que llevamos, estos momentos cotidianos pareciera que nos están robando parte de nuestras vidas, nos desquician, provocan incluso discusiones de pareja.

En este punto sí que me siento afortunado. Reconozco que las situaciones que vivo en mi trabajo con mucha frecuencia no son muy agradables que digamos. Reconozco, también, que muchas veces en esas situaciones me gustaría esconder la cabeza como un avestruz y decir “tierra trágame” pero tengo que afrontarlas.

“¡Qué carajo!, ¿¡a quién le gusta dar malas noticias!?”

En lo que va de semana podría contar ya varios casos que marcarían a cualquiera de por vida: maltrato físico infantil, abusos sexuales, dos estrellas más que nos iluminan desde el cielo, infartos en los familiares de esos niños tras recibir estas noticias, diagnóstico de enfermedades de muy mal pronóstico,… 

Estas situaciones, más allá de lo difícil y dramático del momento, te dejan siempre una gran enseñanza, nunca te dejan indiferente.  

Estas vivencias tan intensas te hacen relativizar mucho los problemas del día a día. Muchas de las situaciones que podrían provocar una discusión familiar te parecen pecata minuta. Ves cuáles son las cosas importantes de la vida.

Estas experiencias te hacen tener los pies en el suelo y valorar los pequeños detalles de la vida cotidiana: una tarde en el parque, una guerra de almohadas, un beso de buenas noches…

A estas “pequeñas” cosas sólo le das el verdadero valor cuando ves que de un  momento a otro las puedes perder.

Pocas cosas merecen “verdaderamente” la pena: tu familia, tu pareja, tus hijos y tus verdaderos amigos. Pocas cosas más, Insisto, pocas cosas más.

Estas situaciones hacen tambalear todos los cimientos de tus sentimientos y te dicen:

“¡Espabila y vive este día como si fuera el último!”.

No te acuestes ni un día más sin haber demostrado a todas las personas que de verdad te importan cuanto les quieres.

Hoy, quizás, …

habrán quitado ya los lazos rosas de edificios y ayuntamientos…

ya no se repartirán pegatinas de lazos rosas por las calles…

ya no se hablará de esto en el telediario…

Pero hoy, todavía…

muchas mujeres recibirán su diagnóstico de cáncer de mama,

muchas mujeres sufrirán el dolor físico de su intervención,

muchas mujeres vomitarán tras la quimioterapia,

muchas mujeres sentirán la mutilación por la mastectomía,

muchas mujeres pasarán el día “obligatoriamente” separadas de sus pequeños porque tienen las defensas bajas por la quimio,

muchas mujeres llorarán en silencio por no saber cómo contarle a su hijo pequeño porqué llevan puesto un pañuelo en la cabeza.

Hoy, también puede ser un gran día para…

recordar que todas ellas tienen derecho a sentirse como puedan,

no como nosotros (la sociedad) les obliguemos a sentirse.

Derecho a sentirse guerreras,

derecho a sentirse tristes,

derecho a sentir miedo,

derecho a sentir alegría,

derecho a cantar, reír y llorar,

derecho a contar o a callar su enfermedad,…

porque los sentimientos les pertenece a ellas,

a cada una los suyos,

y cada una debe ser libre de sentir lo que siente.

Acompañémoslas en sus sentimientos,

sean los que sean,

a cada una en los suyos.

Un viernes cualquiera en la consulta.

“Buenas tardes, princesa. Oye, María, venga, cuéntame porqué has venido a verme. ¿Prefieres contármelo tú o se lo preguntamos a ti madre?”

En ese momento mira a su madre y casi sin mirarme a mi, con la mirada dirigida hacia abajo, sin apenas salirle la voz del cuerpo suelta: “porque me duela la barriga”.

Uno, que ya empieza a ser perro viejo en estas cosas, tiene muy claro desde el principio que cuando una niña de esa edad (12 años) te dice de esa manera que le duele la barriga, no es precisamente la barriga lo que duele. Lo que duele, con un dolor inaguantable es el corazón, es el alma.

Ese “me duele la barriga” en un grito de auxilio, como lo es “me duele la cabeza” o “me mareo”.

Podemos (y digo podemos, porque es evidente que si su madre la ha traído a la consulta se lo está siguiendo) seguirle el juego durante unos minutos con preguntas tipo:

“Ah, sí. ¿Desde cuándo?, ¿Es más frecuente a alguna hora?, ¿es más intenso antes o después de comer?, ¿lo relacionas con alguna comida?, ¿has tomado algún medicamente para ese dolor?…” y así todas las preguntas que queramos.

Pero ella, en el fondo, está esperando otra pregunta. Esta esperando que la miremos a los ojos, con mucha serenidad, que sienta con sólo una mirada que la entendemos y le preguntemos: “¿Qué es lo que te preocupa, María?, ¿Estas preocupada porque mamá y papá se han separado?”

El tema de las separaciones y los divorcios es una realidad que está ahí y que cada vez más frecuente. Aproximadamente la mitad de las parejas terminan separándose.

Cuando las cosas no funciona, pues no funcionan. Se ha acabado el amor, has descubierto a otra persona, no puedes soportar ya esta vida,… No voy a entrar en esto, por supuesto. Cada pareja tendrá sus razones.

No tiene sentido aguantar sólo por los hijos. Eso está abocado al más estrepitoso de los fracasos. No se puede hacer hogar donde no hay hogar.

Pero lo que de verdad no tiene sentido es que se utilicen niños como moneda de cambio.

Tened en cuenta que para ellos su padre es su padre, una figura muy importante en su vida. Que su madre hable mal de su padre no le ayuda en nada. Y, de la misma manera, que su padre hable mal de su madre, la otra figura de referencia en su vida, tampoco le ayuda en nada.

Recordad que los padres somos los espejos en los que se miran nuestros hijos. Somos, por tanto, también modelo de sus futuras relaciones. No les estamos dando el mejor ejemplo cuando nos insultamos delate de ellos, cuando nos reprochamos todo delante de ellos,…

Los niños son capaces de entender cualquier situación, menos la violencia física o verbal entre las dos personas que ellos más quieren. Si se lo explicamos con tranquilidad pueden entender que mamá y papá ya no se quieran, pero eso no significa, en absoluto, que dejen de quererlos a ellos.

El mensaje que debemos transmitirles es que tengan la absoluta seguridad de que a ellos mamá y papá les siguen queriendo como hasta el momento, infinito, y que ellos no tienen la culpa de nada de lo que está ocurriendo.

Un favor. Que los niños no sean monedas de cambio.

Ellos deben saber que nuestro amor hacia ellos está muy por encima de cualquier desavenencia entre los padres.

Un deseo. Que sepamos escuchar con el corazón.

Que sepamos entender sus gritos de auxilio con ese “me duele la barriga”.

“¡Doctor, estamos desesperados! ¡Absolutamente desesperados! El bebé solo quiero dormir encima de nosotros. Le doy la teta y se duerme rápidamente, pero es soltarlo y parece que la cuna en la cuna tuviese alfileres. Se despierta inmediatamente”.

No sé cuántas veces escucho esto a diario.

Entender que esto no es un problema creo que es fácil. Ahora lo voy a explicar. Lo que no es tan fácil es convencer a la abuela, a la cuñada, a la vecina del quinto, o a mi prima la de Huelva,… porque ellas son las super-madres de quienes hay que aprender.

Que un bebé quiera estar literalmente encima de nosotros no es un problema.  La naturaleza nos ha diseñado así.

Un bebé no se acostumbra a los brazos, ya nace acostumbrado, ya nace con esa necesidad.

Me explico:

Ya he hablado en otras ocasiones de la necesidad que tienen los mamíferos de ese contacto más íntimo con sus madres. Pero iré un poco más allá. Dentro de los mamíferos hay muchos tipos. Los hay que minutos horas después de haber nacido ya están corriendo detrás (insisto, detrás) de sus madres. Un potro corre detrás de mamá yegua pocas horas después de haber nacido, un borreguito corre detrás de mamá oveja pocas horas después de haber nacido,… pero un humano no corre minutos después de haber nacido detrás de mamá. Suele tardar de 12-15 meses (en ocasiones hasta18 meses) en poder hacerlo.

La naturaleza ha hecho que nuestras crías, hasta el momento en el que aprenden a desplazarse, hayan sido cargadas, porteadas, … o como queráis llamarlo por sus padres, especialmente por la madre que es de la que más íntimamente dependen.

Tened en cuenta que los carritos, las cunas,… y demás utensilios inventados para separar a la madre del bebé son un invento reciente en la historia de la humanidad. Millones y millones de generaciones han criado anteriormente a sus crías sin estos aparatos.

No quiero decir con esto que sea un “pecado mortal” poner a un bebé en un carro o en una cuna. Si los padres quieren y el bebé acepta, pues “pa´lante, como los de Alicante”, pero entended que un bebé que quiera ser porteado por su madre no es que esté mal-acostumbrado, simplemente lo hace por instinto.

Son las leyes de la madre naturaleza, no es una, mala-costumbre nuestra.

Ya sabéis que me gusta poner ejemplos con monos u otros primates puesto que son muy parecidos antropológicamente a nosotros y no están tan influidos por las modas. Son ejemplo muy claro de cómo se deben criar los bebés. Pues eso, continuando con el ejemplo anterior, los monos cargan a sus crías y duermen junto a ellas, SIN NINGÚN REMORDIMIENTO, porque es lo que la madre naturaleza ha dictado. LO DICE EL INSTINTO.

Y, por supuesto, a la gorila-abuela, a la gorila-cuñada, a la gorila-vecina del quinto y a la gorila-prima de Hueva, no se les ocurre “ACONSEJAR” a la recién mamá gorila que no coja a su bebé o no duerma con él.

Consejo: escuchemos más a nuestro instinto (a las leyes de la madre naturaleza) y menos a las vecinas, cuñadas y madres “perfectas” que todo lo hicieron bien cuando a ellas les tocó criar.

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Apenas vi aparecer esa segunda raya en el predictor

y supe que mi vida había cambiado para siempre.

¡Cuánta magia en ese momento!

Ya te quiero y aún no te conozco.

¡Cuánta intensidad! ¡Cuánto amor!

Presiento que mi vida ha cambiado de repente.

Ahora que lo pienso me doy cuenta que ya te quería incluso antes de que existieras.

¡Qué sentimiento más extraño!

No paro de imaginarte, no paro de proyectarte.

Ahora te veo en cada gesto.

Yo ya no soy sólo yo,

ya somos dos,

para siempre.

¡Cuan mágico es esto de llevar dos corazones dentro!

¿Niña o niño? ¡Qué más da!

Aún no sé cómo te llamarás pero…

ya siento que te quiero infinito.

Tengo muchas dudas,

tengo muchos miedos,

pero sobre todo tengo…

… MUCHO AMOR,

mucho amor para darte.

No paro de imaginarte, no paro de proyectarte.

Apenas tienes el tamaño de un alfiler y ya te quiero como nunca había imaginado que se puede querer a nadie.

¡No podía creer esto cuando me lo decían, pero ahora soy yo la que lo siento!

He dejado de ser yo,

Ahora somos NOSOSTROS.

Cuando veo a esa madre en el parque dando el pecho me veo a mi, CONTIGO.

Cuando veo a esa madre paseando con el carrito me veo a mi, CONTIGO.

Cuando veo a esa madre peinando a ese bebé me veo a mi, CONTIGO.

Ya no puedo verme a mi si no es CONTIGO.

Ya no puedo puedo imaginarme sola,

ya siempre me imagino CONTIGO.

¡Qué ganas tengo de poder olerte,

qué ganas tengo de poder acariciarte,

qué ganas tengo de poder besarte,

qué ganas tengo de estar CONTIGO!

No salgo de mi asombro.

¡¡Hasta donde puede llegar la imbecilidad de la especie humana!!

¿Los adultos somos gili… o qué? (Perdón, pero es que creo que no tenemos otro calificativo)

Una barbaridad más.

Ya he visto últimamente muchos tipo de barbaridades: niñas adolescentes jugando al muelle, niños que juegan a comprimirse el cuello asfixiándose, … y ahora otra nueva moda de “reto” que ya se ha cobrado su primera víctima infantil en Estados Unidos (podéis leer la noticia pinchando aquí).

Os resumo: Una niña de 8 años que, junto a una amiga y tras visualizar en internet uno de estos retos, deciden ponerlo en práctica con resultado fatal tras las quemaduras.

¿Sabéis lo grave que pueden llegar a ser las quemaduras?

Por dios, hagamos que las redes sociales sirvan para difundir información contrastada y de calidad, o humor si queréis pero no para darle visibilidad a este tipo de barbaridades. Existen multitud de vídeos de adultos echándose agua hirviendo por lo alto y que se hacen virales .

Por favor, insisto por enésima vez, INTENTEMOS LOS ADULTOS SER EJEMPLOS PARA LOS NIÑOS.

NO compartid ni, por supuesto, haced retos de este tipo.

Comparte, por favor.

La respuesta a esta pregunta, como tantas otras relativas a la crianza, no pueden ser generales. Depende de muchas circunstancias pero una premisa es básica si no queremos vivir otra situación más de la crianza con la maldita sensación de CULPA: un bebé podrá salir del cuarto cuando una familia, especialmente la madre, se sienta preparada y convencida para hacerlo.

Plantear un fecha o edad exacta para sacar a un bebé del cuarto lo único que generará es un estrés innecesario en la crianza del bebé. Cada bebé es diferente (existen bebés muy tranquilos, bebés de alta demanda,…) y las circunstancias familiares también son diferentes (hay que considerar si ambos padres trabajan, si la familia es monoparental,…)

El modelo de crianza de hoy día, con ambos padres trabajando en la mayoría de los casos, hace que se toleren mal, en general, las “malas noches”. En cuanto la baja maternal se termina (4 meses en la mayoría de los mejores casos) muchas familias se empiezan a plantear o a desear sacar al bebé del cuarto. Inicialmente el deseo es que el niño aguante toda la noche sin hacer ninguna toma nocturna (“Doctor, habrá que meterle ya los cereales que duerma del tirón, ¿no?”). Creo que con este tipo de deseos iremos evolucionando hasta que podamos poner a los niños por la noche en “modo avión”.

Pareciera que la única necesidad básica de un bebé fuera la comida. Esto no es así, en absoluto. Existen algunas necesidades tan básicas y tan primordiales como la comida, por ejemplo el apego, entendiéndolo como contacto físico, como el sentimiento de protección que necesita una cría.

Para entender todo esto, como en la mayoría de las dudas sobre la crianza en las primeras semanas o meses de vida, basta con observar cómo se comportan en situaciones similares el resto de los mamíferos (en los cuales no influyen las “modas” ni la opinión de la cuñada, de la suegra, ni de la vecina del cuarto).

Pensad en una camada de gatitos, o perritos,… o cualquier otro mamífero. ¿Dónde duermen? Pues eso, en el regazo de la madre hasta que de manera natural se van “despegando” de ésta. Es decir, el colecho es absolutamente normal en la crianza de los mamíferos.

A priori se tiende a pensar que el estrecho vínculo que establece los bebés con su madre se deben sobre todo a la necesidad de ser alimentados pero esto no es así. Ya desde los años 60, gracias a los experimentos del neuropsicólogo Harry Harlow con los monos reshus conocemos que en las necesidad básicas de los primates (que son los animales más parecidos a nosotros) es más importante el regazo que la propia alimentación.

Si veis el vídeo que os muestro a continuación sobre las crías de estos animales criados en soledad (sin sus padres, sobre todo sin su madre) veréis cómo cuando se les da acceso a la madre que alimenta (una estructura metálica con forma de mona y un biberón) y a la que aporta regazo (estructura de trapo, con pelo y sin alimento, con forma de mona), prefieren claramente a la segunda, a la mona de pelo, de trapo, la que aporta regazo.

Y una observación más, cuando se les introduce en la jaula un objeto peligroso (en este experimento una especie de robot) se observa cómo buscan inmediatamente a la mona de pelo. El regazo les aporta seguridad.

Todo este razonamiento sobre el apego no es sólo aplicable al momento de sacar del bebé de nuestra cama o nuestro cuarto sino sobre la maldita recomendación de “No lo cojas cuando llora que se va a acostumbrar a los brazos”. Sobre esto ya escribí otro artículo que podéis leer pinchando aquí.

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