Ser coherentes con lo que decimos es la manera más eficaz de educar a nuestros hijos.
De nada sirven todos los “razonamientos y discursos ejemplarizantes” intentando convencer a nuestros hijos que deben comportarse de esta u otra manera o hacer esta o aquella cosa si después nosotros hacemos lo contrario.
Decía Albert Einstein: “Educar con el ejemplo no es una manera de educar, es la única”.
Esto mismo, no hace falta que lo diga una eminencia de la envergadura de Einstein, estamos hartos de escucharlo del refranero español: “de tal palo tal astilla”.
Ejemplos de la vida diaria:
“Hijo, el móvil no se coge”, mientras nosotros no dejamos de “whatappear” ni durante la comida.
“Hijo, no se dicen mentiras”, mientras ellos ven que mentimos incluso a nuestros amigos.
“¡¡Hijo, no se grita!!”, y se lo decimos gritando. ¿Cómo queremos que ellos no griten?
“Hijo, no te quejes, tienes que ser más optimista”, mientras que nosotros, con un careto hasta el suelo no paramos de quejarnos del trabajo, de los vecinos,…
“Hijo, debes respetar las normas”, mientras “les obligamos” a cruzar el semáforo en rojo porque no viene nadie.
“Hijo, no debes insultar a tus amigos”, mientras ellos ven que criticamos a los vecinos o a otros padres del colegio.
Y así hasta mil situaciones más.
No hace falta que les digamos nada, ellos están todo el día observándonos. Captan la esencia de cada situación. Aprenden de lo que hacemos y no de lo que decimos.
Os dejo una historia, muy ilustrativa que leí el otro día:
Estaba un padre con su hijo haciendo cola para entrar al teatro. Cuando llegó su turno, el padre preguntó a la señora que estaba en la taquilla a partir de qué edad los niños debían pagar. La señora contestó que a partir de los ocho años. El padre, sin dudarlo un momento, contestó: “Pues deme dos entradas, que mi hijo cumplió ayer ocho años”. La señora le entregó las dos entradas pero, antes de que se fuera, le dijo: “me ha extrañado mucho que me dijera que su hijo tiene ocho años; si me dice que tiene siete no me hubiera dado cuenta”. El padre respondió: “Usted no se hubiera dado cuenta, pero mi hijo sí”.
Comparte este post si piensas que la mejor manera de educar es con el ejemplo.
Comparte.


Educar con el ejemplo. – CuidarMiBebe
Ser coherentes con lo que decimos es la manera más eficaz de educar a nuestros hijos.
De nada sirven todos los “razonamientos y discursos ejemplarizantes” intentando convencer a nuestros hijos que deben comportarse de esta u otra manera o hacer esta o aquella cosa si después nosotros hacemos lo contrario.
Decía Albert Einstein: “Educar con el ejemplo no es una manera de educar, es la única”.
Esto mismo, no hace falta que lo diga una eminencia de la envergadura de Einstein, estamos hartos de escucharlo del refranero español: “de tal palo tal astilla”.
Ejemplos de la vida diaria:
“Hijo, el móvil no se coge”, mientras nosotros no dejamos de “whatappear” ni durante la comida.
“Hijo, no se dicen mentiras”, mientras ellos ven que mentimos incluso a nuestros amigos.
“¡¡Hijo, no se grita!!”, y se lo decimos gritando. ¿Cómo queremos que ellos no griten?
“Hijo, no te quejes, tienes que ser más optimista”, mientras que nosotros, con un careto hasta el suelo no paramos de quejarnos del trabajo, de los vecinos,…
“Hijo, debes respetar las normas”, mientras “les obligamos” a cruzar el semáforo en rojo porque no viene nadie.
“Hijo, no debes insultar a tus amigos”, mientras ellos ven que criticamos a los vecinos o a otros padres del colegio.
Y así hasta mil situaciones más.
No hace falta que les digamos nada, ellos están todo el día observándonos. Captan la esencia de cada situación. Aprenden de lo que hacemos y no de lo que decimos.
Os dejo una historia, muy ilustrativa que leí el otro día:
Estaba un padre con su hijo haciendo cola para entrar al teatro. Cuando llegó su turno, el padre preguntó a la señora que estaba en la taquilla a partir de qué edad los niños debían pagar. La señora contestó que a partir de los ocho años. El padre, sin dudarlo un momento, contestó: “Pues deme dos entradas, que mi hijo cumplió ayer ocho años”. La señora le entregó las dos entradas pero, antes de que se fuera, le dijo: “me ha extrañado mucho que me dijera que su hijo tiene ocho años; si me dice que tiene siete no me hubiera dado cuenta”. El padre respondió: “Usted no se hubiera dado cuenta, pero mi hijo sí”.
Comparte este post si piensas que la mejor manera de educar es con el ejemplo.
Comparte.

